SAN JUAN

Diagnóstico temprano del autismo: especialistas destacan que detectar señales en los primeros meses de vida cambia el futuro del desarrollo

En el marco de una capacitación para profesionales de la salud y la educación, la prestigiosa neuróloga infantil Silvia Intruvini enfatizó la importancia de la detección precoz, el enfoque interdisciplinario y una inclusión social plena y sin prejuicios.

BUENOS AIRES.– Con una masiva convocatoria de profesionales, se llevó a cabo el tercer encuentro del Programa Anual de Formación y Capacitación en Autismo. La jornada científica estuvo centrada en brindar herramientas clave para el abordaje del Trastorno del Espectro Autista (TEA), poniendo un énfasis absoluto en que la detección temprana no solo mejora el pronóstico neurobiológico, sino que se traduce de forma directa en una inclusión social más digna y feliz.

La disertación principal estuvo a cargo de la Dra. Silvia Intruvini, una de las máximas referentes en neurología infantil del país, exdirectora médica del Centro de Rehabilitación Infantil FLENI e integrante activa de las sociedades de pediatría argentina y latinoamericana. Durante su exposición, Intruvini definió como “determinante” la ventana de observación del neurodesarrollo durante el primer semestre de vida de un niño.

Los focos de atención en la primera infancia

La especialista derribó el mito de que se debe esperar a que los niños tengan una edad avanzada para advertir rasgos del espectro autista. Por el contrario, instó a los profesionales y familiares a agudizar la mirada en la interacción cotidiana desde los primeros meses de existencia.

Según explicó la neuróloga, la detección temprana se construye observando con detenimiento conductas básicas como:

  • Contacto visual: La forma y frecuencia con la que el bebé busca y sostiene la mirada de los adultos.

  • Interacción social: Cómo se relaciona con sus padres, abuelos y cuidadores primarios en los momentos de juego o alimentación.

  • Exploración del entorno: El modo en que toma los objetos, los explora y responde ante los estímulos visuales o sonoros de su alrededor.

La genética y el valor supremo de la clínica

En relación con los avances de la ciencia sobre el origen del trastorno, la doctora Intruvini reconoció el peso de la medicina moderna, pero dejó en claro una máxima de la profesión:

«Hoy hablamos de genética, de genes de riesgo. Siempre hay que poder ver cuáles son las causas y para eso necesitamos estudios complementarios, como una resonancia o una interconsulta con un médico genetista. Pero no debemos olvidar que la clínica es soberana».

Bajo esta premisa, la especialista argumentó que antes de derivar a un paciente a estudios de alta complejidad, es indispensable confeccionar una historia clínica profunda y minuciosa, conociendo de cerca al niño, su dinámica familiar y su comportamiento en otros ámbitos clave, como el jardín de infantes o la escuela, integrando la mirada de los docentes.

Condición, no enfermedad

Uno de los puntos más celebrados de la capacitación fue la conceptualización del TEA. La Dra. Intruvini recordó de forma taxativa que el autismo es una condición del neurodesarrollo y no una enfermedad. Al no haber una patología que requiera una “curación”, el esfuerzo del sistema de salud y de la comunidad debe volcarse por completo a generar los sistemas de apoyo necesarios para que cada individuo maximice sus capacidades individuales.

Hacia el cierre de su intervención, la médica dejó una fuerte reflexión comunitaria: “Estoy a favor de la inclusión. No hablo solamente de los niños con TEA, sino de un lugar donde estemos todos juntos, con los sistemas de apoyo necesarios, pero en un ámbito social común. Ellos son parte de la sociedad y así se los debemos hacer sentir. Va a ser más digno, más seguro para ellos y no tengo dudas de que serán niños más felices”.

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