ALBARDON

DECISIONES QUE CUESTAN Y DUELEN: ALEJANDRO RIVEROS SE DESPIDE DE LA POLITICA CON UN EMOTIVO MENSAJE

Albardón – En una jornada marcada por la nostalgia y las emociones a flor de piel, el reconocido docente y dirigente albardonero, Alejandro Riveros, abrió su corazón a la militancia y a la comunidad para anunciar una de las determinaciones más difíciles de su carrera: su alejamiento del espacio político por el que entregó años de esfuerzo, caminatas y sueños de transformación.

A través de una carta cargada de gratitud, pero también de la honestidad que lo caracteriza, Riveros dejó en claro que hay “decisiones que cuestan y duelen”, pero que se vuelven necesarias cuando los ciclos se cumplen. Con la frente en alto y la satisfacción del deber cumplido, el dirigente eligió el camino del agradecimiento para abrazar una etapa que se cierra, dejando una huella profunda en el armado político local.


UN ADIÓS DESDE EL ALMA Y CON GRATITUD REBOSANTE

El escrito de Riveros no fue un frío comunicado de prensa, sino un repaso afectivo por los momentos y las personas que marcaron su trayectoria. Con profunda emoción, el dirigente dedicó un espacio central a quienes caminaron a su lado en el territorio.

“Hoy me toca despedirme de un espacio político por el cual trabajé durante muchos años para lograr este cambio que muchos sanjuaninos anhelábamos para nuestra provincia. Sólo tengo palabras de agradecimiento por todo el tiempo compartido con muchísimas personas”, expresó conmovido.

En sus líneas más sentidas, destacó el soporte incondicional de su equipo de trabajo, rindiendo un homenaje especial a Natacha Cereceda, a quien describió con orgullo como su “gran concejal”. Tampoco olvidó el cobijo político del PRO, agradeciendo el respaldo constante de Enzo Cornejo, ni los dos años “maravillosos” de intensa labor compartida con sus compañeros del Ministerio de Educación. El saludo fraterno se extendió a una larga lista de colegas de militancia (Fabián Gómez, Titi Aguirre, Silvina Tejada, entre tantos otros) que compartieron con él la pasión por el servicio público.


EL CONSEJO PATERNO A LA GESTIÓN PROVINCIAL

Uno de los pasajes más significativos y de mayor peso político fue el mensaje dirigido al gobernador de la provincia, Marcelo Orrego. Más allá de la ruptura, Riveros demostró una enorme grandeza institucional al agradecer la confianza depositada en él, pero no dudó en dejarle un pedido nacido desde el llano y el sentir popular.

El dirigente instó al mandatario a “seguir trabajando por un mejor San Juan, sin descuidar a ningún dirigente y estando cerca de la gente”. Una recomendación con sabor a vivencia propia, que resalta la importancia de no perder la calidez humana ni el contacto con las bases en el ejercicio del poder.


EL REFUGIO EN LAS AULAS Y LA PROMESA DE UN NUEVO CAPÍTULO

Para Alejandro Riveros, la política nunca fue un medio de vida, sino una vocación de servicio. Así lo demostró al recordar su presente, donde los guardapolvos, las tizas y las sonrisas infantiles volvieron a ser su cable a tierra. “Desde principios de este año volví a hacer lo que más me gusta en la vida, estar con los niños, ser docente y enseñar, y lo hago con gusto porque es la profesión que elegí hace 28 años”, confesó con orgullo, remarcando con firmeza: “No vivo de la política, las personas que me conocen de verdad y me quieren lo saben perfectamente”.

Sin embargo, el fuego sagrado de la militancia y el amor por su comunidad siguen intactos. Aunque hoy le toque despedirse de una estructura formal, su compromiso con los vecinos permanece inalterable. El cierre de su mensaje fue una declaración de principios y una promesa de futuro para todo Albardón:

“No puedo negar que me gusta demasiado trabajar por y para la gente y es por eso que el tiempo libre se lo dedico a la política y a tratar de estar cerca de mi querido Albardón… QUIERO SEGUIR SIENDO PARTE de esta historia de cambio en mi país, en mi provincia y en mi departamento, con mucho más protagonismo porque tengo la capacidad suficiente para así hacerlo”.

Con un “GRACIAS INMENSO” dedicado a sus amigos y, por sobre todo, a esa familia que se convirtió en su sostén y trinchera en los momentos más duros, Alejandro Riveros se despidió con un hasta luego que suena a promesa. Las aulas hoy lo cobijan, pero su corazón, sin dudas, seguirá latiendo al ritmo de las necesidades de su pueblo.

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