RELATOS | Lo llamaron a declarar y salió muerto: la brutal historia del DJ asesinado dentro de una comisaría de Albardón
Tenía 28 años, era conocido por animar bailes y trabajar como disc jockey. Entró caminando a una comisaría para responder unas preguntas y jamás volvió a salir con vida. Lo que ocurrió aquella tarde de septiembre de 1990 se convirtió en uno de los casos más estremecedores de la historia policial de San Juan.
Miguel Ángel Ávila, conocido por todos como “El Gordo Carola”, era una persona muy querida en Albardón. Trabajaba como operador de radio, animador de eventos y DJ, mientras construía una familia junto a su esposa María, que cursaba un embarazo de cuatro meses. Nada hacía imaginar que una simple citación policial terminaría en una tragedia.

Un hostigamiento que llevaba años
Todo comenzó tres años antes.
En 1987, luego de animar un baile, Miguel encontró a su amigo Francisco “Maizena” Sánchez tirado junto a una bicicleta. Pensando que estaba ebrio, lo llevó hasta su casa. Horas después, Sánchez murió y la Policía inició una investigación.
Miguel fue el último que lo había visto con vida y, desde entonces, comenzó a ser citado reiteradamente para declarar. Su familia aseguró que nunca tuvo nada que ocultar, pero con el paso del tiempo algunos policías comenzaron a presionarlo cada vez más.
Según relataría después su esposa, incluso llegó a decirles que algunos uniformados querían obligarlo a hacerse responsable de un homicidio que no había cometido.
“Si no vuelvo en una hora, buscame”
El lunes 24 de septiembre de 1990, Miguel estaba grabando música en la casa de su amigo Enrique Vera cuando un cabo de la Comisaría 18ª llegó para pedirle que se presentara nuevamente.
Antes de irse pronunció una frase que quedó grabada para siempre.
“Si no vuelvo en una hora, buscame en la comisaría.”
Subió a su Renault Gordini y condujo hasta la seccional ubicada en Albardón.
Fue la última vez que lo vieron con vida.

Lo golpearon dentro de la comisaría
Según la investigación judicial, Miguel fue llevado hasta una oficina cercana a los calabozos, donde dos policías comenzaron a interrogarlo.
Un detenido que se encontraba alojado en la dependencia declaró haber escuchado golpes, gritos y pedidos desesperados de ayuda.
También aseguró haber oído a uno de los policías gritar:
“Hablá… no te hagás el vivo.”
La autopsia reveló después múltiples lesiones y fuertes golpes en el abdomen.
Los peritos concluyeron que la brutal golpiza provocó que Miguel se ahogara con el contenido estomacal que había ingerido horas antes, sufriendo un paro cardiorrespiratorio.
El intento de encubrir todo
Cuando los policías advirtieron que estaba muerto intentaron reanimarlo.
Al no lograrlo, cargaron el cuerpo en un patrullero y buscaron convencer a un médico para que certificara una supuesta descompensación.
Después inventaron otra versión.
Dijeron que Miguel se había desmayado y golpeado accidentalmente dentro de la dependencia.
Mientras tanto, su amigo Enrique Vera llegó dos veces a la comisaría preguntando por él.
Los policías le respondían siempre lo mismo:
—”Acá no está.”
Pero había un detalle imposible de ocultar.
El Renault Gordini seguía estacionado en la puerta.

El macabro hallazgo
Desconfiado, Vera caminó por un costado del edificio.
Entonces observó un patrullero estacionado.
Al acercarse descubrió el cuerpo inmóvil de su amigo tirado en el asiento trasero.
Miguel ya estaba muerto.
La noticia comenzó a correr por todo Albardón y en pocos minutos vecinos, dirigentes y autoridades llegaron hasta la comisaría.
La indignación fue inmediata.

Una multitud pidió justicia
El sepelio fue una de las manifestaciones más conmovedoras que recuerdan los vecinos.
Cientos de personas acompañaron el cortejo fúnebre.
Cuando pasaron frente a la Comisaría 18ª hubo insultos, llantos y un profundo reclamo de justicia.
La Policía debió relevar a toda la dotación de la dependencia.
Las condenas
La investigación terminó con tres policías procesados.
En 1992, un tribunal condenó a prisión perpetua al comisario Hugo Villavicencio, al oficial Manuel Barrionuevo y al agente Ramón Villalba por aplicación de tormentos seguida de muerte.
Sin embargo, un año después la Cámara modificó la calificación.
Los jueces entendieron que la golpiza existió, pero que no hubo intención de matar.
Las penas quedaron reducidas a:
- Ramón Villalba: 6 años de prisión.
- Manuel Barrionuevo: 6 años de prisión.
- Hugo Villavicencio: 4 años de prisión.
Un hijo que nunca conoció a su padre
María Valdivieso estaba embarazada cuando asesinaron a Miguel.
Su hijo nació meses después sin haber podido conocer a su papá.
Décadas más tarde, la mujer sigue viviendo en Albardón y mantiene intacto el recuerdo del hombre con el que soñaba formar una familia.
“No conozco el odio, pero nunca me voy a olvidar“, confesó años después.
Aquella tarde de septiembre de 1990 quedó marcada para siempre como uno de los capítulos más oscuros de la historia policial sanjuanina: el día en que un joven entró caminando a una comisaría para declarar… y salió sin vida.

