RELATOS | El doble crimen de la Dra. Ana Gómez y su hija Natalí Verdú: a días de cumplirse 24 años, el misterio que San Juan nunca pudo resolver
El 5 de septiembre de 2002, la abogada Ana Gómez, de 49 años, y su hija Natalí Verdú, de apenas 16, fueron asesinadas dentro de su casa de avenida Libertador. A pocos días de cumplirse 24 años del doble crimen, la causa continúa sin un culpable condenado y rodeada de interrogantes.
Era jueves 5 de septiembre de 2002.
En una casa de avenida Libertador, cerca de calle Güemes, madre e hija se encontraban solas.
Ana Dulcinea Gómez tenía 49 años. Era abogada, pertenecía a una familia tradicional de Jáchal y además desarrollaba actividades vinculadas con la producción y comercialización de ganado junto a sus hermanos.
Su hija, Natalí Verdú, tenía apenas 16 años. Estudiaba en la EPET N°4, tenía novio y llevaba una vida que, al menos públicamente, no mostraba conflictos que pudieran anticipar semejante desenlace.
Horas después, ambas estarían muertas.
Y la escena encontrada por sus familiares se convertiría en una de las más impactantes que recuerde la historia criminal de San Juan.
Una casa en silencio
Los investigadores determinaron que los asesinos ingresaron a la vivienda sin ejercer violencia evidente sobre las puertas.
Ese detalle abrió una de las primeras grandes preguntas del caso:
¿Ana conocía a quienes entraron?
Nunca pudo determinarse con certeza.
Los atacantes redujeron a las dos mujeres y las maniataron.
Ana fue encontrada sobre una cama, con las manos sujetas hacia atrás, los pies atados y el rostro cubierto.
Natalí también había sido inmovilizada.
Los investigadores estimaron que los asesinos permanecieron dentro de la vivienda durante un período prolongado.
Revisaron distintos sectores de la casa y destruyeron la CPU de una computadora.
Pero no se llevaron todo lo que había en el lugar.
Entonces apareció otra pregunta:
¿Realmente se trató de un robo?
Dos asesinatos a sangre fría
La investigación forense estableció que Natalí fue asesinada primero.
Recibió dos disparos: uno en la frente y otro en el pecho.
Luego llegó el turno de su madre.
Ana recibió tres disparos, dos de ellos en la cabeza y otro en el pecho.
Los investigadores estimaron que entre ambos asesinatos habría transcurrido aproximadamente una hora.
La violencia y la forma en que fueron ejecutadas llevaron desde el comienzo a considerar la posibilidad de que el doble crimen tuviera características de venganza o ajuste de cuentas.
Pero nunca se pudo determinar quién ordenó el ataque ni cuál fue el verdadero motivo.
El detalle que llamó la atención
Hay otro elemento que siempre quedó asociado a la reconstrucción del crimen.
Dentro de la vivienda estaban encendidos el televisor y el equipo de música.
La hipótesis fue que los asesinos intentaron impedir que los vecinos escucharan los gritos o los disparos.
La casa estaba ubicada en una zona céntrica y transitada.
Sin embargo, nadie pudo aportar un testimonio decisivo sobre quién entró o quién salió.
La fuga fue tan silenciosa como el ingreso.
El descubrimiento
Emanuel, hijo de Ana y hermano de Natalí, tenía apenas 14 años.
Cuando regresó a la vivienda encontró la puerta principal abierta.
Al ingresar advirtió que algo no estaba bien.
Vio el desorden y salió rápidamente para pedir ayuda.
Pocos minutos después regresó acompañado por familiares.
Entonces apareció ante ellos la escena que cambiaría sus vidas para siempre.
La madre estaba muerta dentro de un dormitorio.
La hermana también había sido asesinada.
Ambas habían sido maniatadas y ejecutadas.

Una investigación que perdió el rumbo
La escena del crimen debía convertirse en la principal fuente de respuestas.
Pero, según testimonios recogidos años después, ocurrió todo lo contrario.
La vivienda se llenó de policías, funcionarios judiciales y curiosos.
La circulación de personas por el lugar habría complicado la preservación de rastros y evidencias.
Con el paso de las horas, una investigación que necesitaba certezas comenzó a acumular interrogantes.
Uno de los primeros focos estuvo puesto en tres hombres de 25 de Mayo que habían tenido contacto con Ana ese mismo día por la venta de rollos de alambre destinados a sus campos.
Fueron detenidos e investigados.
Sin embargo, no aparecieron pruebas suficientes que los vincularan con el doble homicidio y finalmente recuperaron su libertad.
La pista se desvaneció.
Todos fueron sospechosos
La investigación también puso bajo la lupa al entorno de Ana.
Uno de los nombres que inevitablemente apareció fue el de Jorge Verdú, expareja de la abogada y padre de Natalí.
La pareja se había separado en diciembre de 2001, después de más de una década de convivencia.
No surgieron elementos suficientes para vincularlo con los asesinatos.
También fueron investigados aspectos relacionados con la actividad profesional de Ana y sus negocios vinculados a la producción ganadera.
Pero ninguna de esas líneas logró conducir hasta los autores.
Un padre que buscó respuestas por su cuenta
Después del fracaso de las primeras investigaciones, Jorge Verdú decidió avanzar por su propia cuenta.
Contrató incluso a un expolicía para intentar encontrar pistas.
En distintas oportunidades aseguró públicamente que conocía los nombres de posibles sospechosos y que había entregado información a la Justicia.
Pero tampoco esa investigación paralela logró resolver el caso.
Con los años, Verdú continuó reclamando justicia.
Incluso llegó a ofrecer un automóvil 0 kilómetro como recompensa para quien aportara información que permitiera esclarecer el doble crimen.
Pero la recompensa tampoco consiguió romper el silencio.

A días de cumplirse 24 años, el misterio continúa
El próximo 5 de septiembre de 2026 se cumplirán 24 años de aquella tarde que conmocionó a San Juan.
Casi un cuarto de siglo después, las preguntas continúan.
¿Fue una venganza?
¿Un conflicto relacionado con la actividad profesional de Ana?
¿Una disputa por tierras o ganado?
¿Un problema personal?
¿O hubo algún otro motivo que nunca llegó a conocerse?
Son interrogantes que quedaron suspendidos durante décadas.
Lo único que permanece fuera de toda duda es que Ana Gómez y Natalí Verdú fueron asesinadas dentro de su propia casa y que, a casi 24 años del crimen, no existe un culpable condenado por esos asesinatos.
Aquel domicilio de avenida Libertador quedó marcado para siempre en la memoria criminal de San Juan.
Pero también quedaron marcadas dos historias de vida que terminaron de manera brutal.
Ana tenía 49 años.
Natalí tenía apenas 16.
El tiempo pasó.
Las hipótesis fueron cambiando.
Los investigadores que trabajaron en el caso se sucedieron.
Pero la pregunta principal continúa intacta:
¿Quién mató a Ana Gómez y a su hija Natalí Verdú?
A pocos días de cumplirse 24 años, el doble crimen de avenida Libertador sigue siendo uno de los grandes enigmas de la historia policial sanjuanina.
