RELATOS | El viaje del que nunca regresaron: la tragedia que dejó cuatro cruces para siempre en Pedernal
Una directora de escuela, su hermana y dos pequeños murieron al caer con su automóvil desde lo alto del dique Las Crucecitas. Más de cuatro décadas después, nadie pudo explicar con certeza qué ocurrió aquella tarde. Las cuatro cruces siguen allí, recordando una de las tragedias más dolorosas de la historia de San Juan.
Hay lugares donde el silencio parece guardar secretos.
En el camino que une Pedernal con Los Berros, sobre la antigua Ruta Provincial 319, existe un puente que miles de personas cruzan cada año casi sin detenerse. A pocos metros, cuatro cruces blancas desafían el paso del tiempo. Para muchos son apenas un monumento; para otros, el recuerdo de una tragedia que jamás encontró respuestas.
Era la tarde del lunes 1 de agosto de 1982.
El invierno comenzaba a despedirse y el sol caía lentamente sobre la precordillera sanjuanina. En la Escuela Albergue Josefa Ramírez de García, de Pedernal, la jornada llegaba a su fin.
La directora, María Aurelia Quiroga de Hidalgo, de apenas 32 años, había terminado su trabajo. Como tantas otras veces, preparaba junto a su hermana María Azucena Quiroga, de 28 años, los festejos por el Día del Niño. Mientras una organizaba materiales escolares, la otra cuidaba a los dos pequeños que las acompañaban.
José, de apenas tres años, hijo de María Aurelia.
Y Heber Ubaldo, de apenas un año y medio, hijo de Azucena.
Nada hacía imaginar que ese sería el último día de sus vidas.

El regreso que conocían de memoria
Las hermanas subieron al pequeño automóvil Morris propiedad de María Aurelia.
No era un viaje extraordinario.
Era el mismo recorrido que realizaban casi todos los días para regresar a su casa, en el barrio Justo P. Castro, en Caucete.
El camino atravesaba uno de los sectores más complicados de la vieja ruta: el puente del dique conocido como Las Crucecitas, una estructura angosta, con una pronunciada curva y un profundo barranco a uno de sus costados.
Era un tramo que la docente conocía perfectamente.
Sin embargo, algo ocurrió.
Y nadie pudo explicarlo.

Cincuenta metros hacia la tragedia
Al ingresar a la curva, el automóvil salió inesperadamente de la calzada.
No chocó contra otro vehículo.
No hubo testigos que vieran exactamente qué pasó.
El coche recorrió unos pocos metros sobre la banquina y luego desapareció por el precipicio.
La caída fue brutal.
Más de 50 metros de descenso entre piedras y desniveles hasta impactar violentamente contra el lecho seco del río Guanacache.
El vehículo quedó completamente destruido.
Dentro del habitáculo permanecían atrapadas las dos hermanas y los dos pequeños.
Ninguno sobrevivió.

El hallazgo
La noche comenzaba a cubrir Pedernal cuando un vecino advirtió que algo había ocurrido y dio aviso a la Policía.
Los primeros efectivos del puesto policial de Los Berros descendieron por el barranco.
La escena fue devastadora.
Entre los hierros retorcidos aparecían esparcidos los juguetes de los niños, el portafolio de la directora, cuadernos, útiles escolares y materiales preparados para las actividades del Día del Niño.
Bomberos trabajó durante varias horas para rescatar los cuerpos.
Recién en los primeros minutos del martes pudieron retirarlos.

Una investigación sin respuestas
Los peritos inspeccionaron el lugar.
Midieron la trayectoria.
Fotografiaron el terreno.
Revisaron cuidadosamente el automóvil buscando alguna falla mecánica.
Pero el misterio nunca logró resolverse.
¿Fue una distracción?
¿Fallaron los frenos?
¿Se rompió la dirección?
¿La poca visibilidad influyó?
Más de cuarenta años después, ninguna de esas preguntas tiene una respuesta definitiva.
El dolor de todo un pueblo
La noticia sacudió profundamente a Pedernal.
María Aurelia era una directora querida por alumnos, padres y docentes.
También golpeó a Caucete, donde la familia Quiroga era ampliamente conocida.
No solo habían muerto dos jóvenes mujeres.
También se habían apagado las vidas de dos niños que recién comenzaban a descubrir el mundo.
Fue una tragedia que marcó para siempre a toda una generación.
Las cuatro cruces
Con el paso de los años llegaron nuevas rutas, nuevos vehículos y miles de turistas comenzaron a visitar el dique Las Crucecitas.
Pero las cuatro cruces permanecieron.
Resisten el viento, el sol y el paso del tiempo.
No hablan.
No cuentan lo ocurrido.
Solo recuerdan.
Porque, aunque las investigaciones nunca lograron explicar qué sucedió aquella tarde del 1 de agosto de 1982, el lugar sigue conservando la memoria de un viaje que jamás llegó a destino.
Quizás por eso, quienes conocen la historia disminuyen la velocidad al pasar.
No por la curva.
Sino por respeto.
Porque esas cuatro cruces siguen recordando que, en ese rincón de Pedernal, una familia completa quedó detenida para siempre en el tiempo.
Fuente: Tiempo de San Juan
