RELATOS

RELATOS | El día que un comerciante quiso asaltar el Banco San Juan en Albardón y todo terminó en tragedia

Una mañana de julio de 1963, un conocido comerciante llegó a Albardón disfrazado, armado y decidido a robar una sucursal bancaria. Pero un joven sospechó de su extraño aspecto, avisó a la Policía y el asalto terminó con un agente muerto y el delincuente condenado a 12 años de prisión.

Hay historias que quedan guardadas durante décadas en la memoria de un pueblo. Y en Albardón, una de ellas ocurrió el 26 de julio de 1963, cuando un comerciante que había conocido tiempos de prosperidad decidió convertirse en asaltante y puso en marcha un plan para robar el banco de la localidad.

Se llamaba Oscar Marcelo Escudero, tenía 45 años y atravesaba una situación económica complicada. Los negocios que alguna vez le habían permitido vivir con comodidad habían quedado atrás. Las deudas y los problemas financieros lo habían llevado a una situación límite.

Aquella madrugada decidió que intentaría conseguir dinero de una manera desesperada.

Un disfraz improvisado para convertirse en otra persona

Antes de salir hacia Albardón, Escudero preparó su apariencia.

Con un trozo de cuero armó una barba y un bigote que pegó sobre su rostro. También se colocó patillas, una cinta adhesiva blanca sobre la nariz, lentes oscuros, una boina y una chalina.

El disfraz, visto con distancia, resultaba bastante precario.

Pero para Escudero era suficiente para intentar pasar inadvertido.

Antes de abandonar el lugar donde se hospedaba en la ciudad de San Juan, dejó además una carta dirigida a sus hijos. En ella les pidió perdón y les anticipó que no quería ser recordado por aquello que estaba a punto de hacer.

Después salió a buscar un vehículo.

El auto que lo llevó hasta Albardón

Escudero ingresó durante la madrugada a un taller de la calle Catamarca. Desde allí sustrajo un Fiat 1100 que había sido dejado para una reparación.

Con el vehículo emprendió viaje hacia Albardón por la Ruta Nacional 40.

Durante el trayecto, según la reconstrucción de la época, el hombre habría repasado los momentos de prosperidad que había vivido como comerciante y empresario y la difícil situación económica en la que se encontraba entonces.

Pero el destino ya estaba decidido.

Cuando llegó a Albardón, estacionó el vehículo cerca de la esquina de Sarmiento y Tucumán y se dirigió hacia la sucursal del Banco San Juan.

Eran aproximadamente las 7:30 de la mañana.

La entidad todavía no había abierto sus puertas.

Una sospecha que cambió la historia

Frente al banco había un joven esperando. Se llamaba Guillermo Valdez.

Escudero se acercó y le preguntó si era policía.

La respuesta fue negativa.

El comerciante disfrazado le indicó que ingresara al banco, pero Valdez comprobó que las puertas todavía estaban cerradas.

Algo en aquel hombre no le cerraba.

La barba parecía falsa. También llamaban la atención los lentes, la boina y la cinta colocada sobre la nariz.

Valdez decidió seguirlo discretamente.

Y aquella sospecha terminaría siendo decisiva.

El joven regresó hasta buscar su bicicleta y se dirigió a la Comisaría 18ª, donde contó lo que había visto.

“Me parece que es un ladrón y van a robar el banco”, habría advertido.

La Policía recibió el aviso

El oficial de guardia, Fredy Rodríguez, tomó la denuncia con cautela, pero decidió comprobar la situación.

Envió a los agentes Antonio Florencio Flores y Eduardo Aguirre hacia la sucursal bancaria.

Mientras tanto, Escudero esperaba.

Hasta que las puertas del banco finalmente se abrieron.

El hombre ingresó y se dirigió directamente hacia la gerencia.

Allí estaba Luis Tello, gerente de la sucursal, revisando documentación.

Escudero abrió el envoltorio de papel que llevaba consigo.

Adentro escondía un revólver Colt calibre .38.

La sorpresa fue inmediata.

El comerciante apuntó al gerente y le exigió dinero.

“No quiero matar a nadie”

Escudero llevó a Tello hacia donde se encontraba Antonio Castillo, encargado de la tesorería.

Los dos empleados quedaron bajo amenaza.

El asaltante repetía que nadie debía moverse y que no quería matar a nadie.

Castillo intentó demostrarle que en una de las cajas no había dinero. Pero Escudero exigió que abriera la bóveda principal.

Mientras la situación se desarrollaba dentro del banco, otros empleados comenzaron a advertir desde las ventanas lo que estaba sucediendo.

Un colectivo se detuvo cerca de la esquina.

Entre sus pasajeros había un policía.

Los empleados hicieron señas para pedir auxilio.

La advertencia llegó a tiempo.

El primer disparo

Los agentes Aguirre y Flores llegaron hasta el banco.

Flores quedó en la puerta, mientras Aguirre ingresó y recibió indicaciones de los empleados sobre el lugar donde se encontraba el asaltante.

El agente avanzó hasta la oficina.

Entonces le ordenó a Escudero que bajara el arma.

El comerciante se dio vuelta y disparó.

El primer tiro no alcanzó al policía.

Aguirre se abalanzó sobre él para intentar quitarle el revólver.

Flores ingresó inmediatamente para ayudar a su compañero.

Fue entonces cuando todo se volvió todavía más dramático.

Un policía murió y otro salvó su vida de milagro

Durante el forcejeo se escuchó otro disparo.

Esta vez la bala alcanzó a Eduardo Aguirre en el pecho.

El agente cayó gravemente herido.

Pero Escudero todavía tenía el arma en sus manos.

En medio de la lucha efectuó otro disparo hacia Flores, que lo sujetaba desde atrás.

El proyectil no llegó a provocarle una herida mortal.

Finalmente, con la ayuda de uno de los clientes que se encontraba dentro de la entidad, lograron reducir al asaltante.

Escudero terminó en el suelo y fue esposado.

Según la reconstrucción de aquella jornada, en medio de la desesperación llegó a expresar que no había querido llegar a ese extremo.

La tragedia de aquella mañana

El agente Antonio Florencio Aguirre fue trasladado de urgencia al Hospital Guillermo Rawson.

Pero las heridas sufridas en el tórax fueron mortales.

Murió poco después.

Flores, en cambio, sobrevivió. La bala que recibió no llegó a penetrar de lleno en su cuerpo y terminó cayendo al piso cuando el policía se quitó parte de la ropa.

Fue, según la reconstrucción periodística, una cuestión de centímetros.

El final de la historia

Escudero fue detenido y trasladado a la cárcel pública.

La investigación judicial lo acusó por distintos delitos, entre ellos el robo del automóvil, el intento de robo al banco, desobediencia, homicidio simple y homicidio en grado de tentativa.

El proceso judicial se extendió durante varios años.

Finalmente, el 25 de marzo de 1968, el juez Wilson Vaca lo declaró culpable y le impuso una pena de 12 años de prisión.

Escudero había llegado a Albardón convencido de que podía ejecutar un robo y escapar.

Pero un joven que simplemente sospechó de su aspecto, dos policías que acudieron a verificar una advertencia y la resistencia dentro del banco cambiaron completamente el desenlace.

Aquella fría mañana del 26 de julio de 1963, Albardón quedó marcado por uno de los episodios policiales más recordados de su historia: un comerciante que intentó convertirse en ladrón, un banco convertido en escenario de un violento enfrentamiento y un policía que perdió la vida cumpliendo con su deber.

Una historia que, más de seis décadas después, todavía forma parte de los relatos que sobreviven en la memoria de Albardón.

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