Paraje desolado en San Luis: un jinete que recorre el país a caballo se salvó gracias a un santuario de la Difunta Correa
Una travesía al límite
El panorama comenzó a complicarse debido a las características del suelo y la fatiga acumulada de los equinos. Según explicó el protagonista:
-
Falta de hidratación previa: Los caballos se habían negado a beber el día anterior debido a que el agua de la zona presentaba un alto contenido salitroso.
-
Exigencia física: Tras haber completado una marcha de 30 kilómetros, el joven inició una nueva jornada con el objetivo de cubrir otros 40 kilómetros.
-
Signos de alarma: Al alcanzar la mitad del trayecto planificado, los animales comenzaron a mostrar un notable decaimiento. “Hace 5 kilómetros los caballos vienen muy bajoneados. Empecé a buscar agua por todos lados”, detalló el jinete respecto a la desolada geografía puntana.
Ante la gravedad del escenario, Biderman optó por resguardar a los caballos a la sombra de unos árboles y avanzar a pie en busca de alguna vertiente o asistencia. Fue en ese instante cuando, tras caminar apenas 100 metros, divisó un altar popular a la vera del camino.
Fiel a la tradición que rinde culto a Deolinda Correa, el santuario se encontraba rodeado por centenares de envases plásticos cargados por los camioneros y viajeros que transitan las rutas del país.“Le pedí a mis ángeles que me hagan encontrar agua. Caminé 100 metros y está la Difunta Correa. Debe haber 400 litros de agua”. — Álvaro Biderman
La travesía de Biderman tiene un trasfondo social y terapéutico. Su viaje fue concebido con el propósito de visibilizar los beneficios de la equinoterapia y para impulsar la sanción de una ley nacional que regule dicha actividad en territorio argentino.
