Llegó por un trabajo temporal y terminó siendo el guardián de las canchas de El Palomar
Hace casi 19 años, Eduardo Balmaceda llegó al Complejo Deportivo El Palomar en busca de una oportunidad laboral. Era carpintero y no tenía experiencia en el mantenimiento de espacios deportivos, pero aquel trabajo que parecía pasajero terminó convirtiéndose en su oficio y en una verdadera pasión.
En el Complejo Deportivo El Palomar, el buen estado de las canchas y los espacios verdes no es producto del azar. Detrás de cada partido y de cada jornada deportiva existe un trabajo constante que comienza mucho antes de que los jugadores ingresen al campo.
Uno de los principales responsables de que todo esté en condiciones es Eduardo Balmaceda, quien tiene 44 años y desde hace casi dos décadas se ocupa del mantenimiento de los terrenos deportivos y las áreas verdes del predio de la Universidad Nacional de San Juan.
Un trabajo que comenzó casi de casualidad
La historia de Eduardo en El Palomar comenzó de manera inesperada. Hace aproximadamente 19 años se acercó al complejo para pedir trabajo. Por entonces se dedicaba a la carpintería, pero aunque inicialmente le dijeron que no había un puesto para él, finalmente surgió una posibilidad.
Su primera tarea fue trabajar durante un mes colocando cerámicos en la pileta olímpica. Sin embargo, su predisposición terminó abriéndole una puerta que cambiaría su vida laboral.
El 31 de diciembre de aquel año se presentó voluntariamente para colaborar con la limpieza de los baños durante un evento. Su compromiso llamó la atención de los responsables del lugar y posteriormente comenzó a trabajar en el mantenimiento del playón deportivo durante las colonias de verano.
Con el paso del tiempo se convirtió en ayudante del canchero principal y empezó a descubrir un oficio que terminaría apasionándolo.
“Aprendí, me gustó, me interesó y lo ejercí. Me fui perfeccionando y además hice una diplomatura en riego presurizado. Me gusta mucho esto”, contó.
El cuidado del césped, una tarea que requiere precisión
Actualmente, Eduardo trabaja junto a Roque Flores y Mauro Sidan en el mantenimiento de los espacios deportivos. Entre sus principales responsabilidades se encuentra mantener los terrenos en las mejores condiciones posibles.
Una de las tareas fundamentales es lograr que las superficies estén correctamente niveladas, algo clave para reducir los riesgos de lesiones durante la práctica deportiva.
“Es complejo porque estamos hablando de un campo deportivo que tiene que estar, dentro de lo posible, lo más nivelado para no entorpecer los tobillos y evitar esguinces o torceduras en los jugadores”, explicó.
El trabajo también incluye el mantenimiento del sistema de riego. Recientemente se incorporaron nuevas cañerías y electroválvulas en la cancha de fútbol para mejorar la distribución del agua y favorecer un crecimiento uniforme del césped.
Eduardo conoce en detalle las características del terreno y las distintas variedades de pasto que cubren las canchas. En esta época del año, por ejemplo, la Bermuda Grass, conocida popularmente como chepica, entra en un período de dormición y adquiere un tono amarillento.
Eso no significa que el césped esté muerto. Para mantener las canchas verdes durante los meses fríos, cuando existen los recursos necesarios, se realiza una resiembra de otoño con raigrás.

Los fines de semana son los días de mayor trabajo
La actividad se intensifica especialmente antes de los partidos de la Liga Universitaria. Cada viernes, Eduardo y sus compañeros se encargan de marcar las líneas, colocar las redes y los banderines y realizar un riego controlado para que las canchas estén listas para la jornada del sábado.
Durante el invierno, las líneas se realizan con cal, lo que obliga a realizar controles permanentes, especialmente cuando hay viento.
“Por la Liga Universitaria ahora estoy trabajando de lunes a lunes. Si hay mucho viento hay que remarcar el sábado o el domingo porque la cal se desdibuja. Cuando trabajamos con pintura látex en verano es diferente”, explicó.
El esfuerzo implica resignar parte de sus días de descanso, aunque Eduardo asegura que disfruta de cada jornada.
Una vocación que encontró en El Palomar
Fuera del trabajo, Eduardo comparte su vida con su pareja y sus dos hijos, Ignacio y Renatta. Sin embargo, cuando llega al complejo universitario, asegura que siente la misma motivación que en sus primeros años.
“El solo hecho de llegar al Palomar me apasiona. Me gusta mucho mi trabajo y lo que hago”, expresó.
Para él, cuidar las canchas implica mucho más que cortar el césped. La jardinería, la poda, el riego y la fertilización forman parte de una tarea que requiere conocimiento, dedicación y, sobre todo, gusto por lo que se hace.
Lo que comenzó hace casi dos décadas como una búsqueda improvisada de trabajo terminó convirtiéndose en una profesión y en una pasión. Hoy, Eduardo Balmaceda es una de las personas que, lejos de los reflectores, se encarga de que El Palomar esté listo para recibir cada partido y cada actividad deportiva.

