SAN JUAN

Aluviones en San Juan: cada cuánto se repiten y qué zonas están en riesgo

Una especialista del Conicet y la UNSJ documentó antecedentes de aluviones en la cuenca del río La Ciénaga, con registros desde 1942 hasta 2026. Advirtió que las lluvias intensas no son el único factor que puede desencadenar estos fenómenos y destacó la importancia de prevenir antes de que ocurra una emergencia.

Los aluviones forman parte de los riesgos naturales que enfrenta San Juan y conocer sus antecedentes puede ser fundamental para reducir los daños. Una investigación citada por el medio El Monterizo recopiló distintos episodios registrados en la provincia y puso el foco en la necesidad de planificar el crecimiento urbano teniendo en cuenta las características del terreno.

La doctora Laura Perucca, investigadora superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), explicó cómo se producen estos fenómenos y qué condiciones pueden desencadenarlos.

¿Cada cuánto puede repetirse un aluvión?

Uno de los datos destacados corresponde a la cuenca del río La Ciénaga, vinculada con los desbordes hacia Zonda. Según los antecedentes históricos mencionados por la especialista, se registraron episodios en los años 1942, 1969, 1978, 1979, 2005, 2007 y 2026.

La cronología demuestra que estos eventos pueden repetirse con intervalos muy diferentes. Entre algunos registros transcurrieron décadas, mientras que en otros casos los episodios ocurrieron con apenas un año de diferencia.

Por eso, los antecedentes no permiten establecer un calendario fijo para anticipar el próximo aluvión. Sí constituyen una referencia importante para identificar sectores expuestos y evaluar sus condiciones de riesgo.

El Niño no es el único desencadenante

Perucca explicó que el fenómeno climático El Niño puede favorecer determinados escenarios, pero no es una condición indispensable para que se produzca un aluvión.

Entre los factores capaces de desencadenar estos procesos se encuentran las lluvias intensas, los movimientos sísmicos y el derretimiento repentino de la nieve acumulada en las zonas cordilleranas.

La investigadora señaló que un sismo de magnitud 4 puede provocar caída de rocas, mientras que uno de magnitud 6 puede generar procesos de mayor magnitud, como avalanchas. La combinación de agua, sedimentos y pendientes pronunciadas puede aumentar considerablemente el poder destructivo.

Cuando el agua arrastra todo a su paso

Un aluvión no consiste solamente en una gran cantidad de agua que desciende por una quebrada. Se trata de un flujo que puede transportar barro, rocas, bloques y otros materiales, además de arrastrar vehículos, viviendas y cualquier elemento que encuentre en su recorrido.

La especialista también diferenció estos fenómenos de las inundaciones repentinas, que se producen cuando un río crece en muy poco tiempo.

En determinadas circunstancias, una caída de rocas o una avalancha puede bloquear un cauce y formar un dique natural. Si ese obstáculo se rompe, el agua acumulada puede desencadenar un nuevo flujo de detritos y agravar las consecuencias del episodio inicial.

Las calles pueden convertirse en cauces

El riesgo también alcanza a las zonas urbanizadas. Perucca advirtió sobre la situación de sectores de Pocito y Sarmiento, donde el crecimiento urbano puede coincidir con áreas naturalmente expuestas a escorrentías y aluviones.

En Pocito, particularmente en el piedemonte de la Sierra Chica de Zonda, explicó que algunas calles siguen la continuidad de antiguos cauces naturales. Cuando las defensas están colmadas, el agua puede circular por esas vías y convertirlas en canales de escurrimiento.

Esta situación pone de relieve la importancia de considerar la dinámica natural del terreno antes de habilitar nuevas urbanizaciones o ampliar las existentes.

La prevención comienza antes de la tormenta

Para reducir los riesgos, la investigadora destacó la necesidad de estudiar la forma de las cuencas, calcular los volúmenes de agua y sedimentos que podrían movilizarse y analizar distintos escenarios de lluvias, tanto sobre suelos secos como saturados.

También remarcó la importancia de mantener los cauces limpios, identificar las áreas vulnerables y contar con sistemas de alerta temprana.

Los antecedentes históricos sirven como una advertencia, pero la prevención requiere además estudios técnicos y planificación territorial. En una provincia atravesada por montañas, quebradas y pendientes pronunciadas, conocer por dónde puede circular el agua es una herramienta esencial para proteger a la población.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *