A 4.000 metros de altura y con hasta tres metros de nieve: así es custodiar las minas de San Juan
Trabajar en la seguridad de un proyecto minero en la cordillera sanjuanina implica mucho más que controlar accesos. La altura, las bajas temperaturas, la falta de oxígeno, los caminos cubiertos por la nieve y las largas jornadas obligan a contar con personal capacitado y una logística preparada para condiciones extremas.
Custodiar un yacimiento minero en San Juan representa un desafío muy diferente al de una tarea de vigilancia convencional. A unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas extremas y nevadas que pueden acumular hasta tres metros, los trabajadores deben estar preparados para permanecer durante varios días en la montaña.
Así lo explicó Daniel Cárcamo, director ejecutivo de Huarpe Seguridad, durante una entrevista en Código Minero por Tiempo Streaming, donde habló sobre el crecimiento de la minería y las oportunidades que se abren para los proveedores locales.
Según el empresario, el avance de los proyectos mineros ya comienza a sentirse en las empresas de servicios. En el caso de la seguridad, esto se refleja en un mayor movimiento de trabajadores y vehículos que deben ser controlados en los yacimientos.
“Esto comenzó a moverse”, resumió Cárcamo, quien comparó el crecimiento de la minería con una gran rueda que comienza a poner en movimiento al resto de la economía.
Mucho más que controlar una entrada
La seguridad patrimonial dentro de una mina abarca tanto la protección de las personas como de los bienes de la operación.
Los trabajadores de las empresas de seguridad cumplen funciones de control y deben verificar que quienes ingresan al yacimiento cuenten con la documentación y los elementos requeridos. También revisan que los vehículos cumplan con las condiciones establecidas por cada compañía minera.
Cárcamo definió esta función de una manera particular: “Somos la policía de la mina”, en referencia al rol de control que desempeñan dentro de las operaciones.
Sin embargo, trabajar en estos lugares requiere una preparación mucho mayor que la de un vigilador tradicional. Las compañías mineras establecen capacitaciones y protocolos específicos, mientras que Huarpe Seguridad también cuenta con una escuela virtual para que sus empleados puedan formarse y rendir evaluaciones desde una computadora o teléfono.
La capacitación incluye conocimientos técnicos, habilidades interpersonales y valores relacionados con la prestación del servicio.
“Uno no puede improvisar en minería”, remarcó Cárcamo.
Tres metros de nieve y días aislados en la montaña
Uno de los mayores desafíos aparece durante el invierno. Las condiciones climáticas de la cordillera pueden complicar seriamente los accesos a los proyectos.
“Acá tenemos tres o cuatro metros de nieve en altura”, contó el empresario.
Cuando las nevadas son intensas, las camionetas pueden quedar completamente cubiertas, obligando a los trabajadores a despejar los vehículos y los caminos para poder continuar con las tareas.
A esto se suma la altura. Trabajar a unos 4.000 metros implica una menor disponibilidad de oxígeno y requiere preparación física, controles médicos y equipamiento adecuado.
El último episodio de fuertes nevadas permitió dimensionar las dificultades: hubo trabajadores que permanecieron más de 20 días en los yacimientos.
Para mantener las operaciones durante ese tiempo resulta fundamental contar con alimentos, herramientas, vehículos y todos los recursos necesarios para garantizar la seguridad del personal.
Cuidar a quienes trabajan en condiciones extremas
La preparación no se limita a los aspectos operativos. Cárcamo destacó que la empresa también pone el foco en el bienestar de sus trabajadores.
En ese sentido, Huarpe Seguridad desarrolló el programa “Cuidar al que cuida”, destinado a los vigiladores y sus familias, con asistencia relacionada con aspectos psicológicos y nutricionales.
“El recurso humano es la columna vertebral de toda organización”, sostuvo.
En los trabajos de alta montaña, la alimentación y el estado físico tienen una importancia especial. Los trabajadores deben encontrarse en condiciones adecuadas para superar los controles médicos necesarios y afrontar jornadas prolongadas en altura.
Además, muchos de ellos deben pasar largos períodos alejados de sus hogares, lo que también representa un desafío personal y familiar.
Tecnología e inteligencia artificial
La seguridad minera también incorpora nuevas herramientas tecnológicas. Huarpe Seguridad trabaja tanto en seguridad física como electrónica y avanza en proyectos que incluyen inteligencia artificial aplicada a la actividad.
Sin embargo, Cárcamo considera que la tecnología no reemplazará a las personas.
“Puede haber inteligencia artificial, puede existir todo lo que exista, pero el recurso humano siempre va a estar”, sostuvo.
La empresa también cuenta con habilitaciones para tareas de custodia de valores, transporte de caudales y mercadería en tránsito.
En ese sentido, el desarrollo de la minería del cobre abre una nueva posibilidad: la custodia y el transporte de la futura producción minera de San Juan.
Prepararse para el cobre
Aunque la producción de cobre de los grandes proyectos todavía está proyectada para los próximos años, Cárcamo considera que los proveedores locales deben comenzar a prepararse desde ahora.
“Tenemos que empezar a prepararnos hoy para custodiar esa mercadería en tránsito”, señaló.
La compañía cuenta con camiones blindados y bóvedas y busca desarrollar capacidades que le permitan participar de esa futura cadena logística.
Actualmente, el transporte internacional del doré producido en San Juan está en manos de operadores especializados. Para Cárcamo, existe la posibilidad de que esas empresas internacionales se vinculen con proveedores locales y contribuyan a desarrollar capacidades dentro de la provincia.
La idea, según explicó, es que cuando la producción minera aumente, las empresas sanjuaninas ya estén preparadas para prestar los servicios que demandará la nueva actividad.
De San Juan a Vaca Muerta
Huarpe Seguridad también amplió sus operaciones fuera de San Juan y actualmente tiene presencia en varias provincias, desde Jujuy hasta Santa Cruz, además de Neuquén, donde participa en actividades relacionadas con Vaca Muerta.
Cárcamo explicó que la expansión territorial permitió hacer más sostenible el negocio y aprovechar oportunidades en diferentes sectores productivos.
También marcó diferencias entre la actividad petrolera y la minería. Mientras Vaca Muerta cuenta con numerosos operadores y proveedores, la geografía de la cordillera sanjuanina presenta desafíos particulares, especialmente por las distancias, las condiciones climáticas y las dificultades de acceso.
Una oportunidad para las empresas sanjuaninas
Para Cárcamo, el crecimiento de la minería representa una oportunidad importante para los proveedores locales, aunque advirtió que será necesario invertir, capacitarse y profesionalizar los servicios.
“Tenemos que apostar en la capacitación y en la inversión”, afirmó.
El empresario mencionó a proyectos como Los Azules y Josemaría, que avanzan hacia nuevas etapas y podrían generar una mayor demanda de servicios.
La expectativa es que las empresas que comiencen a prepararse desde ahora tengan mejores posibilidades de participar cuando aumente la actividad.
“Las inversiones van a llegar, los proyectos se van a desarrollar y hay que estar preparados”, sostuvo.
En la cordillera sanjuanina, esa preparación adquiere una dimensión especial: una nevada puede cubrir por completo un vehículo y trabajar a 4.000 metros de altura puede convertir una tarea de vigilancia en una verdadera operación logística.
