RELATOS | Julieta Mena: 11 años de una ausencia que no encuentra descanso
Tenía 22 años, estaba embarazada de dos meses y medio y soñaba con tener a su bebé. El 11 de octubre de 2015 fue asesinada por su novio en Ramos Mejía. Marcos Mansilla recibió prisión perpetua, pero para Marcela Morera, la mamá de Julieta, la historia todavía tiene capítulos pendientes: recuperar los restos de su hija, sus pertenencias y encontrar una respuesta a una espera que lleva más de una década.
Una fecha que divide la vida en dos
Hay fechas que no vuelven a ser una fecha más. Se convierten en una frontera: de un lado queda la vida que existía antes; del otro, todo lo que comienza después de una pérdida irreparable.
Para Marcela Morera, octubre tiene ese peso.
El 11 de octubre de 2015, su hija Julieta Mena, de apenas 22 años, fue asesinada en su casa de Ramos Mejía, en el partido bonaerense de La Matanza. Estaba embarazada de dos meses y medio. El hombre que la mató era su novio, Marcos Mansilla.
Desde entonces, Marcela aprendió a convivir con una ausencia que no desaparece con los años. En diálogo con TN, recordó cómo su hija fue arrancada de su vida y cómo, detrás de la condena judicial, quedó una familia que todavía espera respuestas.
“Siempre pienso en cómo hubiera sido hoy si estuviera viva, si hubiera tenido a su hijo, que ahora ya tendría 10 años”, contó.
En esa pregunta vive una historia que nunca pudo desarrollarse: la de Julieta como madre, la de un niño que no llegó a crecer y la de una familia que imaginaba un futuro diferente.
El último día de Julieta
Aquel día parecía tener la rutina de cualquier jornada. Julieta había terminado de trabajar en una pizzería y tenía previsto asistir al cumpleaños de su suegra.
Su familia habló con ella por teléfono antes de que saliera. Creían que estaría acompañada por su novio y no tenían motivos para imaginar que aquella conversación sería la última.
Horas después, la encontraron asesinada.
Con el paso del tiempo, Marcela confesó que hay recuerdos que siguen apareciendo con una fuerza difícil de soportar. Entre ellos, la imagen del cuerpo de su hija.
“Es una imagen que uno siempre quisiera borrar porque te sigue”, expresó.
La autopsia determinó que Julieta murió como consecuencia de los golpes que recibió. Según la investigación judicial, las lesiones en el abdomen y la zona genital le provocaron graves daños internos, entre ellos el estallido del hígado y los riñones.
Pero había un dato que su familia todavía desconocía: Julieta estaba embarazada.
Un embarazo que salió a la luz después del crimen
Marcela no sabía que su hija esperaba un bebé. Se enteró varios días después, cuando fue citada por la Fiscalía.
El impacto fue devastador.
“Fue tremendo. Me desmayé, me caí redonda”, recordó sobre el momento en que recibió la noticia.
La investigación estableció que Mansilla quería que Julieta interrumpiera el embarazo y que ella se negaba. Para los investigadores, esa situación estuvo vinculada con el ataque que terminó con la vida de la joven y de su hijo por nacer.
Los mensajes encontrados en el teléfono de Julieta permitieron reconstruir parte de lo que había sucedido.
Marcela fue contundente al recordar cuál habría sido su reacción si hubiera conocido antes el embarazo: habría acompañado a su hija, cualquiera fuera la decisión que tomara.
“Ella quería tener a su bebé y a él no lo necesitaba para nada”, sostuvo.
Y agregó una frase que resume uno de los dolores que todavía la acompañan: Julieta nunca habría tenido que afrontar la maternidad sola. Su familia estaba dispuesta a estar a su lado.
Pero esa posibilidad fue destruida.
Camino a la Justicia: la condena a prisión perpetua
La causa avanzó hasta llegar al Tribunal Oral en lo Criminal N.º 5 de La Matanza. Aproximadamente un año y medio después del femicidio, Marcos Mansilla fue condenado a prisión perpetua.
La sentencia lo responsabilizó por los delitos de homicidio calificado por el vínculo y aborto, en concurso real con femicidio, según lo informado sobre el proceso judicial.
Para la familia, la condena significó que la responsabilidad penal había sido establecida. Sin embargo, no podía reparar lo sucedido ni devolverles a Julieta y al bebé que esperaba.
Marcela también recordó el comportamiento de Mansilla durante las audiencias. Según su testimonio, el acusado la miraba de una manera que ella interpretó como un desafío.
“Me desafiaba como diciéndome: ‘Viste, te la maté’”, relató.
Mansilla nunca reconoció haber asesinado a Julieta. De acuerdo con el relato de la madre, sus últimas palabras durante el juicio estuvieron vinculadas con su posible traslado a prisión y con su deseo de permanecer en la celda donde estaba alojado.
El debate fue breve y terminó con una condena a perpetua.
Pero, para Marcela, el final del juicio no fue el final de la historia.
Cada octubre vuelve a abrir la herida
Con los años, la familia aprendió que el dolor no sigue un calendario ordenado. Hay días en los que los recuerdos aparecen sin aviso: una canción, una comida, un libro, una costumbre o un lugar asociado a Julieta.
Octubre reúne demasiadas fechas. Se acerca el aniversario del femicidio y vuelven las preguntas sobre todo lo que podría haber ocurrido si ella siguiera viva.
“Empieza octubre y yo me parto”, confesó Marcela.
Durante mucho tiempo creyó que los años ayudarían a acomodar la pérdida. Después comprendió que el paso del tiempo no borra necesariamente el dolor.
También intentó encontrar una forma de seguir adelante sin sentir que eso significaba abandonar a su hija.
“Empecé a tratar de tomarlo de otra forma, a sentir que yo sigo acá, que a ella no le gustaría verme mal”, explicó.
No se trata de olvidar. Se trata de aprender a vivir con una ausencia que no eligió y que no puede revertir.
El dolor compartido se convirtió en una forma de acompañar
La experiencia transformó a Marcela en una voz comprometida con la lucha contra la violencia de género y el acompañamiento a familiares de víctimas.
Fue madrina de un refugio para víctimas de violencia en la zona sur, que finalmente debió cerrar después de más de dos décadas de trabajo por falta de apoyo estatal, según contó.
En 2018, junto con otras familias atravesadas por situaciones similares, fundó Atravesados por el Femicidio, una organización que busca acompañar a quienes enfrentan una pérdida violenta.
La iniciativa nació de una certeza: hay dolores que solo quienes pasaron por una experiencia semejante pueden comprender en toda su dimensión.
También nació de la dificultad de transitar un sistema judicial lleno de procedimientos, términos y trámites que muchas familias deben aprender mientras intentan atravesar el duelo.
Marcela conoce esa sensación. Por eso, el acompañamiento se convirtió en una forma de transformar parte de su sufrimiento en ayuda para otros.
Cuando escucha que debería dejar atrás lo ocurrido porque pasó demasiado tiempo, responde desde un lugar que no necesita explicaciones jurídicas.
“Yo no la estoy atando a la pata de una silla. Es lo que siento. Mataron a mi hija. A mi futuro nieto o nieta”, expresó.
Y dejó en claro qué significa para ella mantener viva su memoria: “Yo no me estoy aferrando a una cosa que no quiero tirar a la basura, es el amor”.
Lo que todavía espera después de 11 años
La condena a prisión perpetua no terminó con todos los pendientes que rodean el caso.
Marcela manifestó que todavía necesita información sobre la situación de Mansilla y que no pudo recuperar el teléfono celular de su hija, donde guarda un universo de fotografías y recuerdos personales.
Pero hay una espera que para ella tiene un significado especialmente profundo: recuperar los restos de Julieta.
Su deseo es poder cremarlos y llevarlos al mar.
No lo presenta como una manera de borrar lo ocurrido ni de dejar de recordarla. Habla de la necesidad de resolver una cuestión concreta que sigue abierta después de más de una década.
“Todavía no pude recuperar sus restos. Quiero cremarlos y llevarlos al mar”, pidió.
La madre también cuestionó la lentitud de los trámites y la dificultad para conseguir documentación que, a su entender, debería estar resuelta.
“Necesito cerrar ese capítulo, que es más terrenal”, explicó.
En sus palabras aparece una diferencia importante: sabe que el duelo no tiene una fecha de vencimiento, pero también necesita que los asuntos pendientes encuentren una respuesta.
Estado judicial actual
Marcos Mansilla fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Julieta Mena. Según la información publicada por TN, continúa cumpliendo la condena y habría sido trasladado al penal de Florencio Varela.
Marcela, sin embargo, señaló que todavía enfrenta dificultades para acceder a información y resolver trámites relacionados con el caso, entre ellos la recuperación de los restos de su hija y de sus pertenencias.
Los datos disponibles en el testimonio periodístico no permiten establecer con precisión el estado de cada trámite pendiente ni una fecha para su resolución.
El amor que permanece
Once años después, Julieta sigue presente en la memoria de su madre. En las fotografías, en las fechas que duelen, en los recuerdos cotidianos y en ese futuro que Marcela imagina aunque sepa que nunca podrá vivirlo.
La historia judicial tiene una condena. La historia familiar, en cambio, continúa atravesada por preguntas, ausencias y una espera que todavía no terminó.
Marcela no pide que el mundo permanezca detenido en octubre de 2015. Pide poder resolver aquello que sigue pendiente y conservar el derecho de recordar a su hija sin que otros le indiquen cuánto tiempo debería durar su dolor.
Porque detrás de cada femicidio hay una vida que fue arrebatada y muchas otras que deben aprender a continuar.
Y porque, para una madre que perdió a su hija y al nieto que esperaba, el tiempo transcurrido no convierte el amor en un recuerdo lejano.
Julieta tenía 22 años. Estaba embarazada. Tenía una vida por delante.
Su historia quedó marcada por la violencia, pero su memoria también permanece en la lucha de quienes se niegan a que el silencio sea la última palabra.
