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De San Juan a vestir a Bad Bunny: la historia de Mili Muñoz y el universo colorido de DeMiracolo

La diseñadora sanjuanina convirtió su pasión por la moda en una marca que hoy tiene presencia en Palermo Soho. Estudió Publicidad, se mudó a Buenos Aires durante la pandemia y logró que el estilista de Bad Bunny eligiera sus prendas para vestir al artista.

Desde que era niña, Mili Muñoz tuvo una fascinación especial por la ropa. Lo que para algunos podía parecer simplemente un gusto pasajero, con el tiempo se transformó en una verdadera vocación y terminó dando vida a DeMiracolo, una marca argentina reconocida por sus colores, estampados y diseños llamativos.

Hoy, la firma tiene un local en Palermo Soho y cuenta con una historia que incluye uno de sus mayores hitos: el día en que el estilista de Bad Bunny se contactó con Mili para buscar prendas para el artista puertorriqueño.

“Desde muy chica me enseñaron que el diseño tiene que estar en todo: desde lo que entregás hasta el local y el Instagram”, contó la diseñadora.

Una pasión que nació en San Juan

Mili creció en una familia vinculada con la comunicación y la creatividad. Sus padres, Gustavo “Huevo” Muñoz y Gabriela Graffigna, son propietarios de la agencia GHM Contenidos.

Durante su adolescencia en San Juan comenzó a realizar producciones fotográficas, pensar looks y experimentar con diferentes formas de acercarse al mundo de la moda.

Aunque al terminar la secundaria no eligió estudiar Diseño, siguió vinculada con ese ambiente. Por recomendación de su madre, se trasladó a Córdoba para estudiar Publicidad. Allí continuó desarrollando su interés por la indumentaria: organizaba producciones, buscaba locaciones y realizó una pasantía en una marca de ropa.

En 2019 terminó la carrera y comenzó a tomar forma una idea que venía dando vueltas en su cabeza: crear su propia marca de indumentaria.

El camino, sin embargo, no fue sencillo. Primero intentó trabajar junto a una diseñadora en San Juan y luego con otras jóvenes sanjuaninas instaladas en Buenos Aires. Pero ninguno de esos proyectos lograba reflejar exactamente lo que Mili imaginaba.

Así nació DeMiracolo

Poco antes de que comenzara la pandemia, Mili buscó asesoramiento en Bianca, de la marca Black Mamba. Ese contacto le permitió conocer a un diseñador que, según contó, fue la primera persona capaz de comprender el universo creativo que tenía en mente.

“Yo siempre diseñé y sigo diseñando, pero él fue la primera persona que entendió mi visión”, explicó.

Así comenzó formalmente el proyecto DeMiracolo.

El lanzamiento coincidió con un momento particularmente complicado. La pandemia obligó a mantener parte de la producción en Buenos Aires mientras Mili permanecía en San Juan. Las muestras recorrían alrededor de 1.200 kilómetros y ella debía probarse las prendas, hacer correcciones y volver a enviarlas.

La situación se volvió tan compleja que en octubre de 2020 tomó una decisión clave: mudarse a Buenos Aires.

El cambio le permitió estar más cerca de proveedores, talleres y trabajadores vinculados con la industria de la moda. También significó un paso importante para darle identidad y crecimiento a su proyecto.

El color como sello de identidad

En 2023 llegó otro momento importante para la marca: la apertura de su local en Palermo Soho, sobre calle Gorriti.

Para Mili, el espacio físico representa mucho más que un lugar para vender ropa. Todo forma parte de la identidad de DeMiracolo: la decoración, los colores, las prendas, las bolsas y la experiencia de quienes visitan el local.

El color es, justamente, uno de los elementos que más identifica a la marca.

“Para mí el color siempre fue fundamental. Considero que si DeMiracolo no tuviera el diseño y el color que tiene, no sobreviviría en el mercado”, señaló.

Su inspiración puede aparecer en cualquier lugar. Una flor, un animal, una taza, un plato antiguo o incluso un objeto que encuentra en la calle pueden convertirse en el punto de partida para una nueva creación.

Mili se define como una persona muy visual y asegura que constantemente encuentra elementos cotidianos que despiertan nuevas ideas.

Pero detrás de la creatividad también existe una importante planificación. Antes de lanzar una colección, el equipo analiza qué prendas funcionaron, cuáles tuvieron menor aceptación, qué diseños pueden modificarse y hasta dónde es posible crecer. El trabajo comienza aproximadamente ocho meses antes de que la colección llegue al público.

Cuando las redes se convirtieron en parte de la marca

Durante los primeros años, Mili permanecía detrás de la estética de DeMiracolo. Con el tiempo decidió comenzar a aparecer frente a las cámaras y mostrar el detrás de escena de la marca.

La estrategia tuvo resultados positivos. Empezó a mostrar cómo se ven las prendas en distintos cuerpos, cómo seleccionan las telas y hasta cuáles son los productos que no logran venderse.

Uno de esos contenidos tuvo una gran repercusión en TikTok y terminó modificando la manera en que la diseñadora utiliza las redes.

Actualmente, los miércoles son jornadas destinadas especialmente a grabar contenido. En una sola jornada pueden producir entre 10 y 20 videos, mientras una persona del equipo se encarga de editarlos y publicarlos.

Para Mili, detrás de un video que parece espontáneo existen numerosas decisiones: el momento de publicación, la edición, los primeros segundos y la manera de presentar cada producto.

La exposición también significó enfrentarse a comentarios negativos, especialmente relacionados con su tonada y su origen sanjuanino. Con el tiempo aprendió a no darles demasiada importancia. “Si me ponen algo feo, bloqueo y listo”, resumió.

El día que apareció Bad Bunny

En los comienzos de DeMiracolo, Mili solía prestar prendas para producciones y enviar ropa a cambio de publicaciones en redes. Algunas experiencias no fueron buenas y decidió dejar de hacerlo, salvo que apareciera una oportunidad realmente importante.

Y esa oportunidad llegó de manera inesperada.

El estilista de Bad Bunny se comunicó con ella porque estaba buscando ropa para una producción vinculada con Apple Music. Mili estaba junto a una amiga cuando recibió el contacto. Juntas prepararon las prendas y fueron al encuentro.

El estilista comenzó a seleccionar diferentes piezas de la marca. Poco después llegó el momento que la diseñadora difícilmente olvidará: Bad Bunny apareció vestido completamente con prendas de DeMiracolo.

El artista también utilizó ropa de la marca durante su estadía en Buenos Aires.

“Fue muy loco porque además es varón. Nunca había visto esas prendas puestas de esa manera y le quedaban perfectas”, recordó Mili.

Para una marca que había comenzado en San Juan y que atravesó sus primeros meses con muestras viajando cientos de kilómetros en plena pandemia, la llegada de Bad Bunny significó un enorme reconocimiento.

San Juan, siempre presente

Aunque Buenos Aires fue fundamental para el crecimiento de DeMiracolo, Mili asegura que su identidad creativa sigue teniendo una fuerte conexión con San Juan.

“Yo no sería quien soy si no fuera por San Juan. Para mí fue clave”, afirmó.

Entre sus recuerdos aparecen las salidas al aire libre, los campamentos durante su infancia y el contacto con la naturaleza. Para la diseñadora, crecer en ese entorno influyó en su manera de observar y encontrar inspiración en elementos cotidianos.

Y justamente mirar es una de las claves de su trabajo: descubrir colores, formas y objetos en lugares inesperados para transformarlos en prendas que hoy forman parte de una marca que logró llevar el sello de una diseñadora sanjuanina hasta vestir a uno de los artistas más importantes de la música latina.

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