37 años frente a las aulas: la historia de la maestra sanjuanina que aprendió a mirar el mundo desde los ojos de sus alumnos
Silvana Anastasi se jubiló después de una extensa trayectoria en el Nivel Inicial. Trabajó en escuelas rurales y urbanas, fue directora y supervisora y participó en la elaboración del diseño curricular de San Juan. Una experiencia con un niño marcó para siempre su manera de entender la enseñanza.
Hay aprendizajes que no aparecen en ningún libro y que pueden cambiar para siempre la manera de enseñar. Para Silvana Anastasi, uno de ellos ocurrió durante sus primeros años como docente, cuando un niño de una escuela rural de 25 de Mayo dibujó un cielo de color rojo.
La maestra le preguntó por qué había elegido ese color. El pequeño sabía perfectamente que el cielo podía verse celeste, pero había representado aquello que observaba habitualmente al salir de la escuela.
Tiempo después, Silvana comprendió la respuesta al quedarse esperando un colectivo en Santa Rosa. Miró hacia arriba y encontró el mismo cielo rojizo que había aparecido en el dibujo de aquel alumno.
La experiencia le dejó una enseñanza que terminó acompañando toda su carrera: no todo debe interpretarse desde aquello que los adultos creen conocer y los chicos también pueden convertirse en maestros.
“Él me enseñó un montón”, recordó Silvana al reconstruir aquella historia.
Una vocación que comenzó después de la escuela técnica
Silvana tiene 61 años y dedicó 37 años de su vida a la educación. Su camino hacia la docencia no fue inmediato.
Había egresado como técnica química de la Escuela Industrial y luego decidió estudiar para convertirse en maestra jardinera. Como su título secundario no contemplaba algunas materias necesarias para ingresar directamente al profesorado, tuvo que rendir equivalencias en pocos meses.
Superó esa instancia y pudo continuar con la carrera que terminaría convirtiéndose en su profesión. “Ser maestra jardinera fue lo mejor que me pasó”, sostuvo.
Su trayectoria comenzó en escuelas rurales de 25 de Mayo y San Martín. Más adelante trabajó en Villa Obrera y finalmente llegó a la Capital, donde desarrolló buena parte de su carrera.

De las aulas a la construcción del currículo provincial
Uno de los momentos más importantes de su recorrido llegó en 2009, cuando asumió como vicedirectora del JINZ Capital y, al mismo tiempo, fue convocada para participar en la elaboración del nuevo diseño curricular del Nivel Inicial de San Juan.
El trabajo implicó años de dedicación y capacitaciones en distintos puntos de la provincia. Silvana participó como coautora del documento que luego fue presentado en Buenos Aires y se convirtió en el segundo diseño curricular de ese tipo aprobado en el país, según recordó.
En 2012, el diseño terminó de aprobarse y posteriormente asumió como directora.
Otro de sus desafíos fue acompañar la creación de la ENI 31, institución que surgió a partir del JINZ Capital. Durante su gestión se incorporaron nuevas salas y la escuela pudo alcanzar una categoría superior.
Más tarde volvió a concursar por un cargo directivo y obtuvo el mayor puntaje de la provincia en aquel proceso.
Una escuela donde el juego fue protagonista
Más allá de los cargos y reconocimientos obtenidos, Silvana destaca especialmente el perfil educativo que logró construir junto a la comunidad de la institución.
Su concepción del Nivel Inicial estuvo basada en una escuela inclusiva y lúdica, donde el juego ocupa un lugar central en el aprendizaje.
Para ella, los contenidos pueden modificarse con el paso del tiempo, pero el rol del docente continúa siendo fundamental para encontrar la manera adecuada de acercarlos a cada niño.
“Si una escuela no marca la diferencia, no estamos produciendo ningún cambio”, es una de las ideas que sintetizan su mirada sobre la educación.
Supervisora durante la pandemia
En 2019 asumió como supervisora de la provincia. Desde ese lugar amplió su trabajo a distintas instituciones y acompañó a numerosos equipos docentes.
La pandemia significó uno de los mayores desafíos de esa etapa. En un contexto completamente diferente, continuó acompañando y capacitando a directoras mientras las escuelas atravesaban una situación inédita.
Durante esos años también recorrió establecimientos de diferentes departamentos y conoció realidades educativas muy diversas. Entre ellos estuvo una escuela de Pie de Palo que había funcionado durante años como escuela rancho y que finalmente pudo contar con un edificio nuevo.
Su experiencia reforzó una convicción: las condiciones sociales, económicas, familiares y emocionales de cada comunidad influyen en la manera de enseñar.
Por eso sostiene que no existen fórmulas únicas para educar y que los docentes necesitan herramientas para poder tomar decisiones de acuerdo con cada realidad.

Una familia marcada por la educación
La vocación docente también forma parte de su historia familiar. Su abuela y su madre fueron maestras de primaria, aunque Silvana eligió desarrollar su carrera en el Nivel Inicial.
Después de 37 años de servicio, llegó el momento de jubilarse. Lo hizo con la tranquilidad de quien considera que encontró su lugar.
“Creo que no nací para hacer otra cosa”, expresó al recordar su recorrido.
También fue coautora de un manual de Ciencias Naturales y asegura que buena parte de sus logros estuvieron relacionados con las oportunidades que tuvo y supo aprovechar.
Pero, al mirar hacia atrás, vuelve una y otra vez a aquella escena de los primeros años: un niño, un dibujo y un cielo rojo.
Aquella imagen terminó convirtiéndose en mucho más que una anécdota. Fue una lección sobre la infancia y sobre la necesidad de observar antes de juzgar, escuchar antes de corregir y entender que, muchas veces, los chicos también tienen algo nuevo para enseñarnos a los adultos.

