RELATOS | Fue a buscar al supuesto amante de su pareja en Albardon y terminó matando al hombre equivocado
En la noche del 31 de mayo de 1999, una historia de celos, rumores y orgullo terminó desencadenando uno de los crímenes que quedaron grabados en la memoria policial de Albardón.
Fabricio Javier “El Petaca” Salinas había recibido versiones de que su concubina lo engañaba. No tenía certezas. Tampoco sabía con seguridad quién era el supuesto amante.
Pero aquella tarde, cuando vio a su pareja salir de su casa de la zona de Chimbas, algo terminó de encender sus sospechas.
La mujer se había arreglado para salir.
Salinas aparentó normalidad.
Pero esperó.
Después tomó una decisión que cambiaría para siempre su vida y la de una familia.
Cargó un revólver y salió a buscarla.
Una dirección en Albardón
Salinas tenía un dato: su pareja solía concurrir a una vivienda ubicada en la manzana C del barrio Consorcio Ricardo Balbín, en Albardón.
Convencido de que allí podía encontrarla junto al supuesto amante, buscó a su amigo Pablo “El Monito” Pérez y le pidió que lo llevara hasta el lugar en una moto Daelim 50 cc.
Según las versiones que surgieron durante la investigación, Salinas habría dicho que iba a “arreglar cuentas” y que necesitaba que su amigo le cuidara la espalda.
Otra versión sostuvo que Pérez desconocía cuáles eran las verdaderas intenciones de su acompañante.
Eran aproximadamente las 20 horas cuando llegaron a la vivienda.
Adentro había un grupo de jóvenes reunidos.
Entre ellos estaba Leonardo Ávila.
Nadie podía imaginar lo que estaba a punto de suceder.
El hombre que salió a atender
Salinas bajó de la moto y golpeó la puerta.
Uno de los jóvenes salió a atenderlo.
El visitante preguntó por el dueño de casa y pidió hablar con él.
El muchacho volvió al interior para avisarle.
Entonces apareció Leonardo Ávila.
Tenía apenas 23 años.
Salinas le habría preguntado si su mujer se encontraba allí.
Ávila respondió que no.
Pero prácticamente no tuvo tiempo de explicar nada más.
“El Petaca” sacó el revólver y disparó.
La bala impactó en la cabeza de Ávila.
El joven cayó gravemente herido en la entrada de su propia casa.
Sus amigos escucharon el estruendo y se prepararon para salir.
Pero Salinas efectuó otro disparo hacia el interior de la vivienda para intimidarlos.
Después volvió a subir a la moto y escapó junto a Pérez.
Leonardo Ávila quedó tendido, gravemente herido.
La huida
Uno de los jóvenes que estaba en la casa había reconocido al atacante.
Mientras Ávila era trasladado de urgencia al Hospital Guillermo Rawson, la Policía comenzó a buscar a Salinas.
El atacante había desaparecido.
También se intentaba determinar qué había ocurrido exactamente aquella noche.
En un primer momento, la familia de Ávila llegó a relacionar el ataque con otro episodio: una denuncia por un robo en la que Leonardo había mencionado nombres de algunos supuestos delincuentes.
Pero aquella hipótesis comenzaría a perder fuerza.
La verdadera razón del ataque era mucho más absurda y trágica.
Quince horas después, la muerte
Leonardo Ávila permaneció internado en terapia intensiva.
El disparo le había provocado un grave daño cerebral.
Durante la mañana del martes 1 de junio de 1999, aproximadamente a las 10, murió.
Habían pasado unas 15 horas desde el ataque.
Tenía 23 años.
Y recién después de su muerte comenzó a conocerse la verdadera historia detrás del crimen.
Salinas se había equivocado.
El hombre al que había ido a buscar no era Leonardo Ávila.
La víctima no tenía ninguna relación con la supuesta infidelidad.
El verdadero hombre señalado como amante de su pareja era otro de los jóvenes que se encontraba en aquel entorno, según se estableció posteriormente en la causa.
Leonardo había sido asesinado por una sospecha equivocada.
“El Petaca”, un apellido conocido
La Policía ya conocía a Fabricio Salinas.
No era un desconocido para los investigadores.
Era hijo de Miguel Ángel “El Macho” Salinas, un conocido delincuente sanjuanino de las décadas de 1980 y 1990, fallecido en 1997.
Los investigadores de la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía de San Juan intensificaron la búsqueda.
Salinas se había ocultado.
Pero no permanecería prófugo durante demasiado tiempo.
Once días después, decidió entregarse
El viernes 11 de junio de 1999, diez días después de la muerte de Ávila, Fabricio Salinas tomó un remis junto a su hermano y el abogado Horacio Merino.
El destino fue Tribunales.
Allí se entregó a la Justicia.
Fue detenido e imputado por homicidio simple.
También quedó detenido Pablo “El Monito” Pérez, señalado como supuesto cómplice y partícipe del hecho.
El juicio
La historia llegó a los tribunales en octubre de 2000.
Salinas fue juzgado por la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional.
La defensa intentó sostener una versión vinculada con la defensa propia.
Pero los jueces descartaron esa explicación.
El tribunal consideró acreditada la responsabilidad de Salinas en el asesinato de Leonardo Ávila.
La condena: 10 años de prisión.
En cuanto a Pablo “El Monito” Pérez, la Justicia entendió que no había pruebas suficientes para demostrar su participación en el asesinato.
Fue absuelto por el beneficio de la duda.
Pero la historia no terminó en el juicio
Salinas fue trasladado al Penal de Chimbas para cumplir su condena.
Sin embargo, apenas un mes después volvió a aparecer en las noticias.
En noviembre de 2000, protagonizó junto a otros internos una de las situaciones más recordadas del Servicio Penitenciario Provincial: la toma de rehenes y posterior fuga de 26 internos.
La libertad duró poco.
Salinas fue recapturado días después y continuó cumpliendo su condena.
Con el paso del tiempo, su nombre dejó de aparecer en las noticias.
Hoy se desconoce qué fue de su vida.
UN DISPARO. UN ERROR. UNA VIDA PERDIDA.
Leonardo Ávila tenía 23 años.
No era el hombre que Fabricio Salinas buscaba.
No era el supuesto amante.
No tenía participación en aquella historia de celos.
Simplemente abrió la puerta.
Y se encontró frente a un hombre que había llegado convencido de que allí estaba la respuesta a sus sospechas.
Un disparo terminó con su vida.
Una infidelidad que nunca pudo comprobarse terminó provocando un crimen.
Y el hombre que murió aquella noche en Albardón fue, paradójicamente, el hombre equivocado.
RELATOS | EL EJE SAN JUAN
Historias que quedaron en la memoria de San Juan. Casos que el tiempo no logró borrar.
fuente: Tiempo de San Juan


