RELATOS | El pacto de sangre que terminó en un brutal asesinato en Albardón: la venganza que esperó el momento perfecto
Una amistad, una traición y un crimen que estremeció a San Juan
Habían compartido años de trabajo. Se trataban como amigos e incluso soñaban con convertirse en compadres. Pero detrás de esa aparente confianza se escondía un odio que crecía en silencio.
En octubre de 1971, Domingo Zoé Pérez aceptó una invitación que jamás imaginó que sería la última de su vida. Lo que comenzó con la promesa de compartir unas cervezas terminó convertido en uno de los asesinatos más escalofriantes que recuerda la historia criminal de San Juan.
El origen del odio

Domingo Pérez era un exoficial de Policía que trabajaba como inspector de la empresa de colectivos 20 de Junio. Su tarea consistía en controlar recorridos y supervisar el trabajo de los choferes.
Durante una de esas inspecciones descubrió que Carlos Hugo Palacio, uno de los conductores, cobraba boletos con sobreprecios para quedarse con el dinero.
Como correspondía, informó la maniobra a la empresa.
La denuncia terminó con Palacio despedido.
Desde ese momento, el exchofer juró vengarse del hombre al que consideraba responsable de haber destruido su vida.
Pero no actuaría solo.
Convenció a su hermano Rodolfo de participar en un plan que llevarían adelante con absoluta frialdad.
La trampa perfecta
La noche del 24 de octubre de 1971, Carlos pasó a buscar a Pérez por su casa.
Le dijo que tenía verduras para regalarle, un perro y que antes podían ir a tomar unas cervezas.
Domingo aceptó sin sospechar nada.
Se reunieron en una pizzería del centro sanjuanino. Poco después llegó Rodolfo Palacio.
Los tres conversaron durante un rato hasta que los hermanos propusieron viajar a Albardón para buscar unas verduras en una finca familiar.
Todo parecía normal.
Pero ya habían decidido dónde y cómo iban a matarlo.
El crimen
Cuando circulaban por una calle de tierra en la zona de El Rincón, cerca del río Yakin, Rodolfo pidió detener el vehículo alegando que se sentía descompuesto.
Mientras Carlos distraía a Pérez revisando el radiador del auto, Rodolfo tomó el gato mecánico del Fiat 600.
Se acercó lentamente por detrás.
Y descargó un violento golpe sobre la nuca de la víctima.
Aturdido y gravemente herido, Domingo intentó escapar.
No pudo.
Los hermanos lo persiguieron y lo golpearon una y otra vez hasta destrozarle el rostro y el cráneo.
Después abandonaron el cuerpo al costado del camino y escaparon convencidos de que nadie descubriría la verdad.
El error que los condenó
Al día siguiente, la familia denunció la desaparición de Pérez.
Su esposa recordó que había salido junto a Carlos Palacio.
Ese dato cambió completamente la investigación.
La Policía encontró el Fiat 600 utilizado aquella noche.
Dentro del vehículo apareció el gato mecánico al que le faltaba exactamente una pieza metálica hallada junto al cadáver.
Era la prueba que necesitaban.
Los hermanos fueron detenidos pocas horas después.
El juicio
Inicialmente ambos confesaron el crimen.
Más tarde intentaron retractarse asegurando que habían sido obligados por la Policía.
Durante el juicio, Rodolfo intentó asumir toda la responsabilidad y sostuvo que todo había sido una pelea espontánea.
Los jueces no le creyeron.
Las pruebas demostraron que existió un plan cuidadosamente preparado para ejecutar una venganza.
En febrero de 1974, Carlos Hugo Palacio y Rodolfo Palacio fueron condenados a prisión perpetua por homicidio calificado por alevosía.
Además, debieron indemnizar a la viuda de Domingo Pérez por los daños ocasionados.
Más de cinco décadas después, aquel crimen continúa siendo recordado como uno de los casos policiales más impactantes de la historia de Albardón y de toda la provincia de San Juan.

Rodolfo Palacios y Carlos Palacios
