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RELATOS | El amor convertido en pesadilla: el crimen que conmocionó a Albardón y el intento desesperado por ocultar el cuerpo

Septiembre del año 2000. Un asesinato brutal, una puesta en escena que engañó durante horas y un pozo cavado para hacer desaparecer el cadáver. La historia de Sandra Ávila y Silvana Puerta sigue siendo uno de los casos policiales más impactantes ocurridos en San Juan.

Hay historias que parecen imposibles de creer. Historias donde el amor termina convirtiéndose en el escenario de la violencia más extrema y donde quien alguna vez juró amar para siempre termina siendo el responsable de un crimen atroz.

Eso ocurrió durante la madrugada del 12 de septiembre del año 2000, cuando el silencio de una antigua vivienda de Albardón escondía uno de los asesinatos más estremecedores registrados en la provincia.

Silvana Alejandra Puerta tenía 30 años.

Sandra Beatriz Ávila, 32.

Habían compartido casi una década de convivencia.

Pero aquella relación, marcada durante los últimos años por los celos, las discusiones y los episodios de violencia, terminaría de la peor manera.

Lo que ocurrió esa madrugada todavía conmueve.


La noche en que todo terminó

Los investigadores reconstruyeron que la discusión comenzó pasada la medianoche.

Nadie escuchó los gritos.

Los padres de Silvana dormían en otra parte de la vivienda familiar.

Dentro de la habitación, la pelea fue escalando hasta convertirse en un ataque salvaje.

Según la investigación judicial, Sandra Ávila tomó un cuchillo de gran tamaño y sorprendió a su pareja.

Las heridas fueron múltiples.

Cuello.

Espalda.

Pecho.

Abdomen.

Los peritos contabilizaron más de una docena de puñaladas.

La muerte llegó pocos minutos después como consecuencia de una hemorragia masiva.


La mentira comenzó antes del amanecer

Con el cuerpo aún tendido sobre el piso y rodeado de sangre, comenzó otra historia.

La del encubrimiento.

Horas después, la madre de Silvana golpeó la puerta para saber cómo estaba su hija.

No obtuvo respuesta de ella.

Quien habló fue Sandra.

Le dijo que Silvana dormía profundamente.

La mujer regresó a su habitación sin imaginar que su hija ya estaba muerta.

Aquella respuesta le dio a la homicida varias horas para intentar borrar cualquier rastro.


Una coartada que empezó a derrumbarse

Antes del amanecer, Sandra se provocó un corte en una de sus manos.

La intención era construir una versión donde apareciera como víctima de una agresión.

Luego salió de la vivienda conduciendo el automóvil de Silvana.

Visitó a una amiga.

Fue al hospital.

Recorrió distintos lugares.

Incluso llegó a insinuarle a una conocida una frase que luego sería determinante para la investigación.

—”Parece que la maté…”

Aquellas palabras quedaron grabadas para siempre.


El pozo que debía esconder el crimen

Pero el plan iba mucho más allá.

Esa misma mañana buscó a un albañil.

Le pidió que cavara un pozo de aproximadamente dos metros de profundidad dentro del terreno donde vivía la familia Puerta.

Nunca explicó para qué era.

Ella sí lo sabía.

Pretendía enterrar allí el cuerpo de Silvana para que nadie descubriera el asesinato.

Más tarde incluso convenció a la madre de la víctima de que ese pozo serviría para realizar un supuesto ritual destinado a quitar una “brujería” que afectaba a su hija.

Era una historia inventada.

Una puesta en escena desesperada.


La confesión que cambió todo

El plan comenzó a derrumbarse esa misma noche.

Sandra llamó a su hermano.

Le confesó lo ocurrido.

Él quedó completamente impactado y le pidió que se entregara.

Mientras eso sucedía, otra persona también empezaba a sospechar.

La amiga que había escuchado aquella extraña frase decidió contar todo a la familia.

Fue entonces cuando los padres de Silvana rompieron la puerta de la habitación.

Del otro lado apareció la peor imagen imaginable.

Su hija estaba muerta.

El piso seguía cubierto de sangre.

Pocas horas después Sandra Ávila quedó detenida.


El juicio

Durante el proceso judicial, la acusada sostuvo que actuó en defensa propia.

Aseguró que Silvana había intentado atacarla primero.

Sin embargo, la cantidad de heridas, la reconstrucción realizada por los peritos y todo el intento posterior de ocultar el crimen fueron elementos fundamentales durante el debate.

La Fiscalía pidió prisión perpetua al considerar que existió un ataque planificado.

Finalmente, en marzo de 2002, la Justicia la declaró culpable de homicidio simple y la condenó a 17 años de prisión, descartando la figura de alevosía solicitada por la acusación.


Un caso que todavía permanece en la memoria de Albardón

Han pasado más de dos décadas.

La antigua vivienda ya no conserva el movimiento de aquellos años.

Pero quienes vivieron esos días recuerdan perfectamente el impacto que produjo descubrir que detrás de una historia de amor se escondía un crimen brutal.

La habitación donde todo ocurrió.

La mentira construida durante horas.

El pozo que nunca llegó a ocultar el cuerpo.

Y una familia que jamás volvió a ser la misma.

Porque algunos asesinatos no solo terminan con una vida.

También dejan heridas que el tiempo nunca consigue cerrar.

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