RELATOS: El silencio de Campo Afuera: la historia del femicidio de Brenda Requena, un crimen que marcó para siempre a San Juan
A esa hora de la mañana, nadie imaginaba que una discusión de pareja terminaría convirtiéndose en uno de los femicidios más estremecedores de la historia reciente de San Juan.
Brenda Requena Montaña tenía 24 años. Era madre de dos pequeños hijos y llevaba ocho años de relación con Diego “Chato” Álvarez. Como tantas otras víctimas de violencia de género, su nombre no ocupaba titulares. Era una joven más que intentaba sostener una familia mientras atravesaba una relación marcada por los conflictos.
Aquella mañana salió para encontrarse con José Miguel Guajardo, con quien mantenía una relación extramatrimonial. Lo que ocurrió después fue reconstruido durante la investigación judicial y terminó con una condena a prisión perpetua para su esposo.
Durante siete años, el caso siguió generando repercusiones en la provincia. No solo por la brutalidad del crimen, sino también por el sufrimiento de una familia que jamás dejó de reclamar justicia.
La desaparición
La denuncia comenzó como tantas otras.
Brenda desapareció el 11 de julio de 2019 en la zona de Campo Afuera, en Albardón.
El primero en instalar una versión fue su propio esposo.
Diego Álvarez aseguró que había sorprendido a Brenda junto a otro hombre dentro de un automóvil. Según su relato, ella salió corriendo entre los matorrales al sentirse descubierta y desde entonces no volvió a verla.
Durante varios días sostuvo esa versión frente a la Policía y también ante los medios de comunicación.
Con lágrimas, decía estar desesperado por encontrar a la madre de sus hijos.
Afirmaba que nunca la había agredido y hasta sugería posibles lugares donde podría haberse refugiado.
Mientras tanto, familiares, vecinos, policías y voluntarios recorrían descampados, fincas y canales buscando alguna pista.
La provincia seguía minuto a minuto una desaparición que todavía nadie imaginaba cómo terminaría.

Las contradicciones
Desde un principio, los investigadores detectaron inconsistencias.
Diego Álvarez había sido la última persona que estuvo con Brenda.
También había protagonizado una violenta agresión contra José Miguel Guajardo, quien denunció haber sido atacado con piedras después de que el esposo descubriera el encuentro entre ambos.
Esa denuncia motivó la primera detención de Álvarez por lesiones.
Pero la causa estaba lejos de terminar allí.
Con el paso de las horas comenzaron a aparecer testimonios que modificaron completamente el rumbo de la investigación.
Uno de ellos resultaría determinante.

Los adolescentes que rompieron el silencio
Dos chicos que habían salido a cazar pájaros por un descampado de Campo Afuera se presentaron ante los investigadores.
Relataron que habían visto a un hombre solo en una zona de campo.
Aseguraron que tenía las manos cubiertas de sangre y que estaba intentando prender fuego un cuerpo.
También declararon que esa persona les habría ofrecido dinero para que no contaran lo sucedido.
Los jóvenes indicaron con precisión el lugar donde habían observado aquella escena.
Los peritos llegaron hasta allí.
Lo que encontraron cambió definitivamente la causa.

El hallazgo
Entre pastizales y tierra removida aparecieron restos humanos parcialmente calcinados.
El cuerpo había sido mutilado.
Parte de los restos estaban envueltos con membrana asfáltica y cubiertas de automóvil.
Los estudios forenses confirmaron posteriormente que pertenecían a Brenda Requena.
La desaparición se transformó oficialmente en un femicidio.
Los investigadores concluyeron que el intento de quemar y ocultar el cuerpo buscaba eliminar pruebas que permitieran esclarecer el crimen.

La investigación
Las pericias científicas, los testimonios y los elementos reunidos durante la instrucción fueron consolidando la acusación contra Diego Álvarez.
La Fiscalía sostuvo que el hombre atacó a Brenda luego de sorprenderla con José Miguel Guajardo.
La golpeó, la estranguló hasta provocarle la muerte y posteriormente intentó ocultar el cuerpo.
Durante el juicio también quedó acreditado que Guajardo abandonó el lugar sin pedir ayuda ni dar aviso inmediato a las autoridades, conducta que posteriormente derivó en una condena por omisión de auxilio.

El juicio
El proceso judicial estuvo marcado por extensas jornadas de testimonios, reconstrucciones y pruebas periciales.
La familia de Brenda asistió a cada audiencia con una única expectativa: obtener una condena ejemplar.
Finalmente, la Justicia declaró culpable a Diego Álvarez por el femicidio de su esposa y lo condenó a prisión perpetua.
Años después, la Corte de Justicia confirmó además la condena impuesta a José Miguel Guajardo por no auxiliar a Brenda cuando era agredida.

Una familia que volvió a empezar
Después del crimen, los dos hijos de Brenda quedaron al cuidado de su abuela materna, Laura Requena.
Los niños tenían apenas cuatro y cinco años cuando perdieron a su madre.
Hoy son adolescentes.
Laura asumió la crianza intentando preservar el recuerdo de Brenda.
En su casa hay fotografías en cada habitación.
La imagen de su hija continúa siendo el fondo de pantalla de su teléfono celular desde hace siete años.
“Siempre está con nosotros”, suele decir.

El miedo que nunca desapareció
Aunque Diego Álvarez cumple prisión perpetua, Laura reconoce que nunca dejó de seguir de cerca cada movimiento judicial.
Cada vez que escucha un rumor sobre posibles beneficios penitenciarios acude personalmente a Tribunales para obtener respuestas.
Su frase resume el sentimiento que la acompaña desde 2019:
“Álvarez no va a salir de la cárcel hasta que mi hija no salga del cementerio.”

Las heridas que siguen abiertas
En 2025, la cuenta de Facebook de Brenda fue hackeada y utilizada para publicar imágenes ajenas.
El episodio provocó una profunda indignación entre familiares y organizaciones que acompañan a víctimas de femicidio.
Para Laura, fue otra forma de violencia.
Otra manera de volver a enfrentar el dolor cuando todavía intenta convivir con la ausencia de su hija.

Siete años después
Cada 11 de julio la familia vuelve al cementerio.
Llevan flores.
Cambian las fotografías que el sol desgasta con el paso del tiempo.
Los nietos de Brenda, que crecieron escuchando historias sobre su mamá, participan de ese ritual silencioso que mantiene viva su memoria.
El caso de Brenda Requena dejó una marca profunda en San Juan. No solo por la violencia con la que fue asesinada, sino porque expuso una realidad que se repite en distintos puntos del país: la violencia de género que muchas veces ocurre puertas adentro y que solo se vuelve visible cuando ya es demasiado tarde.
Su nombre permanece asociado a la lucha por la memoria, la justicia y la protección de las mujeres frente a la violencia. Siete años después, para su familia el tiempo no cerró ninguna herida. Aprendieron a convivir con la ausencia, pero nunca dejaron de esperar que la historia de Brenda sirva para que ninguna otra mujer tenga el mismo final.

