ECONOMIA

Mientras el Gobierno nacional habla de recuperación, millones de argentinos siguen haciendo malabares para llegar a fin de mes

Mientras la política se prepara para discutir candidaturas, renovar bancas y disputar espacios de poder, hay una pregunta que el Gobierno nacional todavía tiene que responder con hechos: ¿cuándo va a llegar el alivio a la mesa de los argentinos?

La administración de Javier Milei sostiene un discurso centrado en el ordenamiento económico, el equilibrio fiscal y la promesa de una recuperación. Sin embargo, para una parte importante de la sociedad, esa recuperación todavía no se traduce en tranquilidad. En muchos hogares, la preocupación sigue siendo conseguir dinero para comprar alimentos, pagar los servicios, afrontar el alquiler y cubrir los gastos básicos.

La realidad de la calle no se mide solamente con anuncios económicos ni con números de un informe. Se mide cuando una familia abre la heladera y tiene que pensar cómo alimentar a sus hijos hasta el próximo ingreso.

Hay trabajadores que hacen horas extras, buscan un segundo empleo o salen a realizar changas para completar sus ingresos. Otros tienen trabajo, pero aun así sienten que el sueldo se les termina mucho antes de fin de mes. Y están quienes deben elegir qué cuenta pagar y cuál dejar pendiente.

El Gobierno nacional tiene derecho a defender su programa económico y mostrar los indicadores que considere positivos. Pero también tiene la obligación de escuchar a quienes sienten que el costo del ajuste se volvió demasiado pesado. No alcanza con pedir paciencia indefinidamente a una sociedad que necesita respuestas concretas hoy.

La pregunta es inevitable: ¿cuánto más tiene que esperar una familia para sentir que la economía mejora? ¿Cuándo el esfuerzo que se les pide a los argentinos se va a traducir en mejores condiciones de vida?

Y hay una dimensión todavía más delicada: la salud mental. La falta de trabajo, las deudas, la incertidumbre y la imposibilidad de cubrir necesidades básicas pueden generar angustia y desesperación. Los problemas económicos no deben señalarse como causa automática de los suicidios, pero sí deben formar parte de una discusión seria sobre prevención, acompañamiento y asistencia. Ninguna persona debería sentirse sola frente a una situación límite.

Mientras tanto, la agenda política parece avanzar a otro ritmo. Se habla de bancas, alianzas, candidaturas y proyectos de poder. Pero para quienes no saben qué van a comer esta noche, esas discusiones parecen lejanas y desconectadas de sus urgencias.

Gobernar no es solamente ordenar las cuentas: también es hacerse cargo de cómo vive la gente. El equilibrio fiscal puede ser una meta de gestión, pero no debería convertirse en una respuesta para todo ni dejar en segundo plano el empleo, los ingresos, la alimentación y la dignidad de las familias.

La sociedad no necesita únicamente promesas de un futuro mejor. Necesita señales concretas en el presente. Porque ningún plan económico puede considerarse exitoso si la gente siente que trabaja cada vez más, se esfuerza cada vez más y, aun así, vive cada vez con más incertidumbre.

Antes de pensar en renovar bancas, los dirigentes deberían mirar lo que sucede en los hogares. Porque la política puede esperar a la próxima elección; una familia que no tiene qué poner sobre la mesa, no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *