ALBARDON

Día del Profesor: Natacha Cereceda, una docente de Albardón que hizo del inglés una puerta hacia nuevas oportunidades

En este Día del Profesor, desde El Eje San Juan también queremos homenajear a Natacha Cereceda, profesora de Inglés, docente de muchos años y actual concejal de Albardón. Su historia está atravesada por una vocación que nació del amor por un idioma y que terminó convirtiéndose en una manera de acompañar, enseñar y dejar una huella en sus alumnos.

Hay profesiones que se eligen y hay otras que, de alguna manera, van encontrando a una persona en el camino. La historia de Natacha Cereceda tiene un poco de ambas cosas.

Desde muy joven sintió curiosidad por el inglés. Quería comprenderlo, poder comunicarse y descubrir todo lo que había detrás de un idioma que con el tiempo terminaría transformándose también en una vocación.

“Siempre me gustó el idioma. Empecé a estudiar inglés porque quería entenderlo y poder comunicarme. En ese camino del aprendizaje empecé a enamorarme de la docencia”, contó.

Y ese enamoramiento se convirtió en una profesión que desempeñó durante muchos años y a la que, según reconoce, siempre quiere volver.

El primer día frente al aula

Como sucede con tantos docentes, el primer día no estuvo exento de nervios.

Natacha recuerda aquella jornada como si hubiese ocurrido ayer.

“Tenía miedo y nervios. Lógicamente sentía una gran responsabilidad de hacer bien mi trabajo”, recordó.

Pero aquel miedo inicial quedó atrás y con el tiempo se convirtió en una experiencia que hoy guarda entre sus recuerdos más queridos.

“Es un bonito recuerdo el primer día”, resume.

Una trayectoria ligada a la educación de Albardón

Su carrera docente comenzó en 2008, en el Instituto de Inglés Chester, una institución que tuvo un significado especial en su historia porque allí no solo comenzó a trabajar, sino que también recibió su primera formación en inglés.

Con el paso de los años, llevó su vocación a distintas instituciones educativas de Albardón.

Trabajó en el Colegio Nuestra Señora de los Desamparados y en la Escuela EPET N°1, además de participar en programas nacionales que la llevaron a distintos establecimientos, entre ellos la Escuela Adán Quiroga y la Juan Mantovani.

Así, su recorrido profesional quedó ligado a diferentes generaciones de estudiantes y a distintos momentos de la educación del departamento.

Enseñar un idioma, abrir una puerta

Para Natacha, enseñar inglés nunca significó simplemente transmitir palabras, estructuras o reglas gramaticales.

Su objetivo siempre fue lograr que los alumnos encontraran en el idioma una herramienta para comunicarse y, sobre todo, algo que despertara entusiasmo.

“Me encanta enseñar inglés y siempre trato de transmitirles a los chicos el entusiasmo por la materia, que no sea algo aburrido, que puedan encontrar en el idioma una nueva forma de comunicarse”, explicó.

Esa mirada también la lleva a pensar en el futuro de sus alumnos.

Para ella, aprender inglés significa abrir una puerta hacia nuevas posibilidades.

“Es una puerta hacia nuevas oportunidades”, sostiene.

Trabajo, viajes, comunicación con personas de otros países y nuevas experiencias son algunas de las posibilidades que, según explica, puede ofrecer el conocimiento del idioma.

Por eso disfruta transmitirles a sus alumnos todo lo que pueden hacer y desarrollar a partir de aprender una lengua extranjera.

El vínculo que queda mucho después de las clases

Hay algo que Natacha destaca por encima de muchas otras cosas de su profesión: el contacto con los alumnos.

Disfruta trabajar con los más pequeños, a quienes define como amorosos, pero también con los mayores.

Su experiencia fue tan significativa que algunas relaciones trascendieron incluso el espacio del aula.

“Hoy en día conservo amistades que formé enseñando en los cursos de adultos. Realmente es una experiencia muy linda”, contó.

Y hay una escena que se repite con el paso del tiempo: encontrarse con aquellos pequeños que alguna vez fueron sus alumnos y descubrir que crecieron.

“Me pasa muy seguido ver a quienes fueron mis alumnitos pequeños y ahora se han convertido en adolescentes o adultos. Es muy gratificante, sin dudas”, expresó.

Quizás esa sea una de las formas más profundas de medir la huella de un docente: cuando los años pasan, los alumnos crecen y el vínculo, de alguna manera, permanece.

Historias, recuerdos y muchas anécdotas

Como toda docente con años de experiencia, Natacha guarda innumerables historias.

Habla de momentos y situaciones particulares protagonizadas por alumnos que la ayudaron a crecer como profesora y que recuerda con muchísimo cariño.

También tiene, como no podía ser de otra manera, muchas anécdotas divertidas.

Son pequeñas historias que quedan guardadas para siempre en la memoria de un docente y que, con los años, terminan formando parte de una carrera mucho más grande que cualquier título.

Ser docente en su propio departamento

Para Natacha, enseñar en Albardón tiene un significado especial.

No se trata únicamente de una profesión.

“Me encanta ser docente en mi departamento, en primer lugar porque me gusta enseñar y además es brindar un servicio, contribuir al desarrollo personal de los chicos, es sembrar un conocimiento nuevo”, afirmó.

Y esa palabra, sembrar, quizás sea la que mejor defina su manera de entender la educación.

Porque quien enseña no siempre ve inmediatamente el resultado de aquello que transmite.

A veces pasan años.

Un niño se convierte en adolescente, después en adulto, y en algún momento vuelve convertido en otra persona, pero conservando algo de aquellas enseñanzas recibidas.

Un mensaje para sus alumnos

Después de tantos años frente a estudiantes de distintas edades, Natacha tiene un mensaje sencillo y profundo para ellos:

“Que estudien, que se esfuercen y nunca dejen de luchar por sus sueños”.

Pero también conoce las dificultades que pueden aparecer en el camino.

Sabe que algunos alumnos debieron abandonar sus estudios por distintas razones. Y para ellos tiene una frase que puede convertirse en una nueva oportunidad:

“Nunca es tarde para volver a empezar, para formarse, para aprender y superarse”.

Una docente que sigue dejando huellas

Hoy Natacha Cereceda también ocupa una banca como concejal de Albardón, pero en este Día del Profesor, el reconocimiento pasa por otra faceta de su vida: la docente que durante años estuvo frente a un aula enseñando inglés y acompañando a generaciones de alumnos.

Su historia recuerda algo que muchas veces se pierde entre los números, las materias y los calendarios escolares: un buen profesor no solamente enseña una asignatura, también transmite confianza, abre posibilidades y puede dejar una huella que permanece durante toda la vida.

Este 17 de septiembre, desde El Eje San Juan, saludamos especialmente a Natacha Cereceda y a todos los docentes de Albardón que cada día hacen de la educación una forma de construir futuro.

Feliz Día del Profesor, Natacha. Y gracias por tantos años de enseñanza, dedicación y vocación.

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